14

2871 Palabras
Saskia se sentó en el escritorio y miró con una mezcla de enfado, frustración e impotencia la figura de su líder. —Es imposible. —Repite, lento y claro para que no haya ninguna duda en sus palabras. Le costaba admitir que ella lo superaba. —Sí, es posible. Blair llevó una mano a su rostro, como si cada vez que lo repitiera todo se hiciera más real. —No, no es posible. Saskia cerró los ojos un micro segundo y volvió a abrirlos, intentando relajarse. —Sí, j***r, sí, es posible. —¿Tienes en cuenta que…? —Relamió sus labios, impaciente. —¿Tienes en cuenta que mi magia ancestral es la más poderosa? No es posible. —Mira, Blair. —Saskia se acomodó en su lugar, inhalando profundamente. —No puedo ni darle un abrazo a mi propio hermano, no puedo tocar accidentalmente a nadie, no puedo…No puedo ser normal. Y estoy asustada. Estoy muy asustada. Y si me repites que es imposible, harás que me asuste más y nadie quiere asustarme ¿No? —A ver… —No quiero una estúpida charla de tu poder, los ancestros, los líderes, o lo que sea. Quiero bloquear mi poder. —Lo interrumpió. —Evidentemente no puedo bloquear tu poder. —Masculló igual de impaciente como ella. —Está evolucionando, antes necesitabas concentrarte y ahora lo haces por naturaleza, como si fuese un sentido más añadido a tu cuerpo y mente. —¿Y qué? ¿Me pongo guantes y canto libre soy? —Alzó ambas cejas, confusa. —¿Crees que un guante es más poderoso que mi magia? —Preguntó ofendido. —Necesito una solución. —Gimió pasando ambas manos por su rostro. —Necesito bloquearlo. Necesito volver a ser humana, una humana normal. —Puedo ofrecerte unirte al aquelarre. En sí, eso te ayudará muchísimo ya que no tendrás magia vinculada a ti, tendrás la magia vinculada a mí. —¿Y de que me sirve estar vinculada a ti? —Puedo medir la cantidad de magia que tienes. —Explicó. —Suelo quitarle la magia y darle poca a los novatos para evitar que no utilicen su magia de forma errónea u ocasionen accidentes. —Como lo has hecho con Samantha… Le has quitado la magia. —Exacto. Puedo hacer eso contigo. Saskia entrecerró sus ojos mirando sus manos. ¿Perder toda su magia? —¿Qué sucede si pierdo mi magia? —Preguntó en un susurro. —Olvidarías en un trayecto de veinticuatro horas hasta una semana todo lo que has visto sobrenatural. Es un hechizo que utilizamos la mayoría, no recordarás nada de nosotros pasadas las susodichas horas. Además de que olvidarás mi existencia, la existencia del Sabbat y por supuesto, la existencia del lado mágico de Cole. —¿Olvidaré todo? —Pregunta confusa. —Todo. —Pero no quiero olvidar todo. —Reglas son reglas, Saskia. —Pero, ¡Te olvidaré! —No veo lo malo a eso, Saskia. Ella entre abre los labios, intentando encontrar las palabras adecuadas, pero no podía. ¿En serio le daba completamente igual? —¿No te dolerá ni un poco alejarme? Blair se movió en su lugar incómodo. —Lo he hecho antes, Saskia. Es algo fácil y sin dolor, no tienes porque preocuparte. Tu hermano me ha pedido que mañana mismo haga la ceremonia para la marca por lo cual no tomará tiempo. —No has contestado mi pregunta. Blair suspiró. —Tienes dieciséis años, Saskia. Eres ingenua y no sabes… —¿Qué no sé? —Lo interrumpió. —Tengo treinta años. —Eso lo hubieras pensado antes de acorralarme contra la puerta, abrirme la puerta de tu dormitorio o antes de emborracharte conmigo. No ahora. —Tampoco ha pasado tanto. —Pero… —Saskia, eres una chica hermosa y talentosa, tienes mucho poder bajo tus manos… —Suspiró. —Pero sigues siendo ingenua respectos estos temas delicados. Eres una adolescente, te enamorarás y te romperán el corazón miles de veces hasta encontrar a la persona indicada, lo que no es correcto es empezar con algo al cual no puede terminar nunca bien. —Así que te arrepientes de ser amigable conmigo. —Alzó ambas cejas, riéndose incrédula de lo que escuchaba. —Lo siento, Saskia. Espero poder ayudarte como líder a tomar tu decisión. Saskia echó su cuerpo hacía atrás, recostándose en el respaldo mientras lo mira sin poder creérselo. ¿En serio le iba a pasar esto? Creyó haber tenido esa chispa, esa pizca de conexión entre ellos y aunque Blair por su reputación lo negara; ella estaba segura de que también lo sentía. —¿Puedo ayudarte en otra cosa? Se puso de pie, sintiéndose echada y avergonzada. —Sí. Pudriéndote. Caminó a la puerta, la abrió y la cerró con más fuerza de la que debería. Al salir, se debatió internamente los miles de lugares donde podría ir, incluso tenía a su hermano en las clases —al cuales nunca asistía—. Pero, prefirió ir al lugar donde probablemente no sea muy bien recibida. Paseó por los pasillos perdida mirando a todos lados intentando localizarla, bajó las escaleras y fue a el lavado; no estaba allí. Tampoco en el tercer, segundo y primer piso, ni siquiera en el ascensor. Se estaba por rendir hasta que la encontró en la cafetería, ella estaba sentada mirando unos apuntes en la mesa, tenía una coleta desarreglada y unas enormes ojeras negras bajo sus ojos, su ropa lucía arrugada y ella en sí parecía haber sido destruida. —Hola, Samantha. —Se sentó frente a ella, con una sonrisa inocente. Samantha levantó la vista y al verla su rostro se trasforma en una mueca de desagrado. —¿Otra vez tú? —Le preguntó bruscamente. —Sí, bueno, es difícil deshacerse de mi. —Le sonrío apenada. —¿Qué quieres? —Hablarte. —¿Hablarme? ¿De qué? —¿Cómo te sientes desde que perdiste tu magia? Samantha suspiró, como si recibiera la pregunta millones de veces. —Estoy algo ocupada, Saskia. Saskia miró sus papeles y notó que no eran apuntes, sino que recortes de periódicos donde elegía un departamento. —¿Buscas departamento? —Estoy comenzando a olvidar, debo buscar antes que me olvide que vivo aquí y me quede en la calle. —Pone los ojos en blanco, fastidiada. —¿Cómo has comenzado a olvidar? —No lo sé, nunca noté la diferencia hasta que Chloe se acercó y no la reconocí. Fue… Extraño. —Frunce sus cejas, desconfiada. —¿Chloe es tu hermana y la has olvidado? ¿Cómo es eso posible? —Supongo que Chloe está tan involucrada en la magia que ella es magia en sí. —Le sonrió torpemente, pero acto seguido nota su error y frunce sus cejas negando con la cabeza mientras que vuelve su vista a los periódicos. —También quiero perder mi magia. —Saskia confiesa. —Blair me la quitará cuando me marque. —No lo entiendo. Eres un Hewitt, tus padres fueron los mejores…—Frunce sus cejas—Los mejores… —Brujos. —Completa ella. —Sí, brujos. —Niega con la cabeza, maldiciendo internamente el tener una memoria tan delicada. —El problema que al ser mellizos nuestra magia se dividió. Cole quedó con la magia y yo con el poder. Y no quiero tenerlo. —Oye…—Le pone mala cara. —Desde que han llegado el aquelarre revolucionó halagándolos por cielo y tierra. Literalmente vuestros padres y ancestros fueron considerados héroes y los mejores, mundialmente. ¿Y te vas a rendir porque no te gusta el poder que te tocó? Saskia se quedó pensativa mirándola. —Pero no entiendo nada de este mundo. —¿Y? Ve a investigar. Haz algo. Tú aún tienes tiempo, puedes. —¡Tienes razón! ¡Gracias! —¿Gracias por qué? —Por el consejo. —¿Qué consejo? Lo había olvidado. Saskia negó con la cabeza y se puso de pie, saliendo rápidamente de la cafetería y también del edificio. Tuvo que ir caminando, pero de igual forma le servía de consuelo que Karteen viviera cerca. Aunque en todo el camino maldijo al mundo entero por el no saber conducir o tener un transporte medianamente normal. Al llegar a la casa toca timbre repetidas veces ansiosa. No abre la puerta Karteen, de hecho, Saskia se sorprende al ver al chico de metro ochenta frente a ella. Su cabello era rubio con brillantes ojos verdes y pocas pecas por sus mejillas. Su rostro le resultó familiar. —¿Quién eres? —Inclinó la cabeza a un costado. —¿Está Karteen? —¿No te han enseñado modales? No se responde una pregunta con una pre… —¿Sí o no? El chico lleva ambas manos a la cintura. —Te estoy hablando. —Y yo igual. —Alzó una ceja. —¿Dónde está Karteen? —¡No abras la puerta tú, Austin…! —Karteen llegó, miró recelosa al chico y luego suavizó su mirada a ver a Saskia. —¡Saskia! ¡Benditas apariciones inoportunas la de ustedes! —Miró al chico. —¿Qué esperas? Vete ya. El chico la miró sorprendido luego de escuchar su nombre, Saskia creyó que quizá era porque conocía la historia de su familia. Karteen, algo nerviosa, empuja al chico para que reaccione y él rápidamente lo hace saliendo de la casa. Saskia lo persiguió con la mirada. Él… —¿Y bien? ¿A qué se debe el honor de la melliza Hewitt en mi puerta? —Karteen atrapó su atención. —Necesito hablar contigo. Karteen frunció sus cejas, confusa, pero no replicó y le abrió más la puerta. Ella pasó muy segura de su decisión. —¿Qué…? No llegó a preguntar qué Saskia ya le contestó. —Has dicho que querías que otra persona me lo dijera, que me lo explicara, solo que… Necesito saber que está sucediendo. —¿Qué está sucediendo con qué? —Todo parece muy… Bien, pero sé que solo personas como tú y Blair esconden algo. Sé que esconden… Algo. —No escondemos nada, Saskia. Y aunque lo hiciéramos… —Camina hacia la pequeña mesa de cristal cogiendo una botella. —, no tendría porque decírtelo. Saskia no pasó por alto que ella constantemente bebía. —¿Por qué me has salvado? Karteen le da un largo trago a la botella mirándola fijamente sin inmutarse en su desesperación. «Así que Cole no le ha dicho del favor…» pensó. —¿Por qué no ayudaría? —Disimuló. —Eres Karteen Snow. No te interesa nada más que tus favores. —Que deprimente ha sonado eso, cariño. —La miró divertida. —¿Por qué no me pueden decir la verdad? —¿Por qué insistes en saberlo? —Porque cada día pierdo más el control de mi poder. Sé que, en el fondo, quiere decirme algo, demostrarme algo. Pero no sé qué. —Será mejor que te vayas, Saskia. —¡No! ¡Quiero explicaciones! Karteen niega con la cabeza y camina hacia la puerta delantera para abrirla, sin embargo, se detiene en seco cuando Saskia habla, nuevamente. —Te pediré un favor. Karteen se quedó en silencio debatiendo contra todos sus pensamientos mientras miraba fijamente la puerta. —No quiero que me debas un favor. Por favor, ya vete. Entonces, no supo si fue la adrenalina, el impulso, momento o que rayos le impulsó a hacerlo, pero antes que pudiera reaccionar, ella estiró su mano hacia ella y la tocó. El piso tiembla, como si de repente hubiera un terremoto bajo sus pies y todo su cuerpo se sacude ante el movimiento, mira a Karteen al cual se había congelado y a pesar de parecer que todo el piso temblaba era consiente que también tenía la ilusión de que había detenido el tiempo en ella, literalmente no se había movido. Comenzó a ver manchas blancas lo cual la tranquilizó visiblemente, sonrió cuando su vista comenzó a teñirse con otros colores ubicándola en un recuerdo. —¡No lo puedo creer! —Exclamó irritada Karteen, apareciendo caminando enfadada, en la habitación se escuchó fuerte y claro el eco de sus tacones impactar contra la cerámica. —¡Que inútiles! —¿Inútiles? —Gritó el chico que anteriormente le había abierto la puerta. —Te recuerdo que también la has j****o. —¿Yo j***r en plan? —Se giró, enfrentándolo. —Seguí el plan a la perfección, Austin. —¿Y cómo es posible que me entere que él te debe un favor? —Oye tampoco es como si le hubiese pedido un favor al diablo ¿Eh? Me ofende muchísimo. —Karteen, tomártelo en serio. Son mi familia. Karteen negó con la cabeza. —Mejor céntrate en tú no j***r tu parte del plan. Llevo años con esta m****a, tú eres el novato. Puso los ojos en blanco y se giró, Karteen fue hacia la cocina y el chico se giró yéndose hacia la puerta. Saskia siente que caerá, tiene la ilusión de que pronto todo se desmoronaría, pero antes de poder sujetarse de algo o buscar equilibrio vuelve su vista a la normalidad y cae al suelo retrocediendo. Karteen le frunce el ceño. —¿Qué crees que haces? —Frunce sus cejas —¡No te metas en mi mente! Saskia se mareó, sintió que lloraba, pero inconscientemente, llevó ambas manos a su rostro donde notó que no era agua lo que caía por sus ojos, sino que era sangre. —j***r, no te muevas. —Karteen advirtió mirándola con los ojos bien abiertos. —Eso no es normal en brujos. Eh… Llamaré a Blair —¡No! —Gritó. —¡Estoy bien! —Se puso de pie y como pudo se limpió sus lágrimas de sangre. —Saskia ya te hemos advertido que no puedes meterte en recuerdos sin entrenamiento. —Le explico, sonriéndole nerviosa. —No tendría que hacerlo si me explicaran las malditas cosas. —Gruñe. —¿Y qué quieres que haga Saskia? Si tanto aseguras saber que soy una hija de puta como para que casualmente soy vuestra amiga, también debes de saber que esta hija de puta en su vida le ha dado explicaciones a alguien. No me provoques, no me fastidies, que todo este asunto me pone de los nervios. —Entonces aléjate de mí.—Pidió. —Entonces, no vuelvas acercarte a mí. Karteen presionó sus labios. —Sabes que eres una inmadura, ¿No? —Disculpa, Karteen. Estoy actuando como una niña ¿No? Después de todo solo tengo dieciséis malditos años. —Que te hayas peleado con tu líder porque él sea suficiente miedoso como para admitir que le atraes no es mi culpa. No canalices eso conmigo. —Frunce sus cejas, ofendida. —¿Cómo sabes eso? —¿Eh? —Ha pasado esta tarde. ¿Cómo te has enterado? Karteen la mira fijamente con su rostro neutro, internamente maldiciendo en al menos diez idiomas distintos. —Vete a casa, Saskia. —¿¡Por qué todo el mundo me echa y no me da respuestas!? —Sabes perfectamente que no puedo darte esas contestaciones. —¡Primero te niegas a cumplir el favor de las dos personas en tu recuerdo y ahora te niegas a cumplir el mío! —¿Cumplir favor…? ¿¡Has visto ese recuerdo!? Saskia no contestó. Karteen presionó sus labios. —Soy inmune a tu hipnosis. —Añadió en voz baja. —Así que evita querer acorralarme contra la maldita pared. —Caminó hacía la puerta, la abrió de golpe y le dio una última mirada. —Tenía la esperanza de que fueras mi amiga, pero realmente solo soy una persona más en tu larga inmortalidad, Karteen. —No sabes lo que dices. Intento protegerlos. —¿De qué? No tenemos familia, enemigos, ni siquiera tengo magia. Karteen apartó la mirada. —Contéstame. —Exigió. — ¿Cuál es el peligro al cual nos proteges? Saskia aceptó con la cabeza cuando notó que Karteen no estaba dispuesta a contestarle. Salió de la casa cerrando la puerta a su espalda y bajo los tres escalones del porche para luego llegar a la acera, donde vio que Cole llegaba en su moto. Estaciona rápidamente frente a ella. —¿Cómo has sabido donde estaba? —Eres mi hermana, siempre te encontraré. Saskia suspira pesadamente mientras corre hacía él y lo abraza fuertemente rodeándole el pecho. Cole le besa el cabello para luego acariciarle la espalda. —¿Por qué no estoy en tus recuerdos? —Ella se separó, limpiando con el dorso de su mano sus lágrimas. Cole levantó un poco la chaqueta mostrando como dentro tenía escondido y sujetado contra su pecho al Sabbat. —¿Qué…? —Creo que este libro tiene más respuestas de lo que imaginamos, hermanita. —¿Sirve como bloqueo? —Sus ojos se iluminaron. Cole negó. —Aún no lo entiendo bien, pero, leí que el Sabbat protege a sus dueños. Y ahí estaba la incógnita de nuevo. ¿De qué los protegían todos? Sin darse cuenta, se encontraba mirando el libro, frustrada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR