La contesté que estaba destemplado y me iba a preparar un vasito de leche. ―Espere, yo sé lo preparo y le echaré también un poquito de miel, verá que bien le cae al cuerpo y que pronto se encuentra recuperado ―Y se me puso a hacerlo inmediatamente. Ya más relajado después de tomarme ese vasito de leche calentito, que me cayó tan bien, me senté y cogí con cuidado el paquetito que había dejado al entrar, “¿Qué contendría? ―me pregunté―. ¿Quién metería allí esto? ―también me dije a mí mismo―. Espera Manuel, ahora lo verás”, y con las manos temblorosas, que eso sí que lo veía perfectamente, lo fui desenvolviendo. Primero quité el trapo, ese que en su día seguramente sería blanco, pero ahora estaba de un color, entre marrón y negruzco por la humedad. Ese que ya había tocado cuando lo saqué d

