Detrás de ella, se oyó un clic en la manija. Se giró bruscamente, con la mano a medio camino del papel higiénico. —Ocupado —gritó, conteniendo la respiración por un instante. Entonces, una llave giró en la cerradura y la puerta se abrió. Era Joshka. —¿Qué vas a—? Cerró la puerta con llave de nuevo y se guardó la llave en el bolsillo. —Vengo a ver cómo estás —dijo, acercándose—. Te ves sonrojada. —Estoy bien. Vuelve a... Su mano la acarició entre las piernas. —Estás empapada —murmuró—. ¿Verdad? Ella le agarró la muñeca. —Joshka, para. Se darán cuenta... —Déjalos. —Presionó con más fuerza, encontrando su clítoris a través de las capas de tela y encaje—. Tu cuerpo lo pide a gritos. —No— Con la mano libre, le recogió el vestido y deslizó los dedos bajo las bragas empapadas de Di

