En cuanto la patrulla se detuvo, un tipo abrió su puerta para tirar de él y obligarlo a entrar a la comisaría. Después de arrebatarle todas sus cosas, lo condujeron por un pasillo apenas iluminado por unas pocas luces, le quitaron las esposas y lo encerraron en una pequeña celda oscura y vacía. No le gustaba para nada la oscuridad, le traía muy malos recuerdos, prefería mantenerse cerca de la luz donde pudiera ver un poco de su entorno y sentirse seguro. Con eso en mente, se recargó en los barrotes, manteniendo su vista fija en el largo pasillo intentando ignorar el escalofrío que le provocaba darle la espalda a la oscuridad. Hubo un momento en el que pensó que se había logrado acostumbrar al entorno, sin embargo, rápidamente comprendió que era el sueño empezando a ganarle la partida. Se

