Mi madre carga a mi hija, sonríe y se ve tranquila y feliz, aspiro aire y trato de concentrarme en lo que me ha dicho Giacomo: Claudio me está buscando. No puedo decirle a mi madre, no quiero preocuparla, me acerco a Ana, que contesta mensajes de clientes. —Ya mandé las facturaciones, solo estoy notificando por mensaje a los clientes —me explica. Afirmo con la cabeza y le sonrío, me siento a su lado. —Ana, no tengo cabeza ahora para nada. —¿Por qué? ¿Qué pasó? Suspiro, cierro los ojos, los abro de nuevo y miro a mi madre, sigue distraída, vuelvo a concentrarme en Ana. —Giacomo me llamó. Alza una ceja y curva los labios en una mueca pícara. —No, no es eso, me dijo que Claudio me está buscando, confirmado. Me había dicho, ya que vio movimientos raros de personal de su seguridad, pe

