La mañana siguiente, después de una noche llena de emociones y confusión, Amelia se despertó con la necesidad de aclarar las cosas con Alan. El recuerdo de la cercanía que había compartido con él bajo las estrellas la perturbaba, no solo porque iba en contra de lo que siempre había sentido por él, sino porque también la hacía cuestionar sus propios sentimientos. Sin embargo, lo que más la inquietaba era que no lo había podido sacar de su cabeza en toda la noche, Alan fue el motivo de su insomnio, pues su mente traicionera no podía dejar de crear escenas y en todas terminaba besándolo. Decidida a aclarar la situación, bajó hasta la cochera donde sabía que Alan estaría trabajando en el auto desde temprano. La vieja cochera, con sus herramientas esparcidas y el auto en proceso d

