Amelia caminaba con prisa hacia la estación de autobús, intentando dejar atrás los pensamientos confusos que la habían acompañado desde la mañana. Su mente todavía estaba revuelta por el encuentro en la cocina con Alan, y la idea de que él viviera en su casa seguía inquietándola. El sonido del tráfico y las voces de los transeúntes se mezclaban en el bullicio del lugar, pero un sonido en particular rompió su concentración. El rugido inconfundible de una moto, una Yamaha R6 de color blanco que conocía bien, y quien la conducía, “otra vez” pensó Amelia. Alan se detuvo a su lado, el motor de la moto seguía vibrando suavemente mientras la miraba con una sonrisa que se notaba debajo de la visera de su casco integral. — ¿Te llevo? —Ofreció Alan con su

