La escuela.

5000 Palabras
Desde la llegada de Ezra y su madre a este nuevo mundo, y aquella ciudad conocida como Silver Woods, habían transcurrido dos años. Dos largos años de entrenamiento en los que Ezra se había vuelto incluso mejor guerrero de lo que ya era. Su manejo de las artes marciales era superior al de cualquier humano, incluso con tan solo dos años, pero él tenía que pasar desapercibido mientras se enfocaban en lograr el objetivo que tenían en este lugar. La razón por la que habían dejado a su familia y se habían embarcado en el que quizá sería el viaje hacia el fin. Un viaje que Rebecca Drake sabía, que acabaría con la muerte de su hijo. Pero ella no estaba dispuesta a aceptar este destino. Ella creía fervientemente que había posibilidades de cambiar el destino de las personas, aun cuando no pudieron hacerlo con Lucas y Logan. Este último, mejor conocido como el Titán de los siete mentores, murió en manos de Lucas, tal y como la profecía de los dragones lo había dicho. Lucas había perdido el control de su poder y finalmente perdió totalmente la conciencia hasta que Logan utilizó hasta su último aliento, convirtiéndolo en la fuerza necesaria para detener el poder capaz de acabar con el mundo. Desde ese entonces habían pasado casi ocho años, y Logan Taylor se había convertido en un icono digno de admiración para todos los mestizos y para todo el mundo místico, en el que ahora habitaban también los mestizos y que finalmente había sido liberado de la opresión que sufría por parte de Wyrm y su ejército. El Titán de los siete mentores se convirtió en un mártir para cada guerrero que alguna vez lo admiró y desde entonces no hubo otro guerrero tan poderoso como él. Su legado continuó a través de sus discípulos. El ejercito de Titanes. Todos eran guerreros fuertes que habían sido adiestrados por Logan para usar su fuerza bruta para el bien común. En este sentido, ellos, junto a los demás mentores y sus discípulos, lograron mantener la paz en el mundo místico pese a que siempre aparecían enemigos que querían rebelarse e incitar el caos en el aquel basto y extenso mundo que parecía no tener límites. Lleno de magia y criaturas asombrosas solo imaginadas en cuentos fantásticos. Pero estos eran más que cuentos fantásticos. Eran historias reales sobre los primeros habitantes de la tierra como la conocemos. El gran mundo místico que alguna vez fue uno solo y ahora está dividido en doce dimensiones. Ezra y su madre se encontraban en la actualidad en la tercera dimensión. Siendo la dimensión de la que provenían, la segunda, y la dimensión mística, la primera, o el núcleo de todas las demás. Por ser de alguna manera lo que los mestizos llamaron como la tierra Primal. Muchas cosas habían sucedido después que Lucas consiguiera dominar el cien por ciento de su poder, y aun había mucha historia por conocer. En especial la historia de su hijo, Ezra, quien ahora estaba a punto de comenzar su primer día de clases en una de las primarias de Silver Woods - Ezra querido, ven aquí – dijo su madre mientras el pequeño terminaba de alistarse para su primer día de escuela. - ¿Sí mamá? – Inquirió el muchacho lleno de curiosidad mientras su madre lo miraba con una sonrisa de amor y de orgullo que siempre llevaba dibujada en su rostro al ver a su hijo creciendo para convertirse en un hombre tan excepcionalmente fuerte y capaz. - Tengo un regalo para ti – dijo la mujer y el niño la miró sorprendido y al mismo tiempo emocionado. Porque pese a ser un Huargo, no dejaba de ser un niño, y en ese aspecto, los Huargos guardaban muchas similitudes con los niños humanos. - ¿Qué es mamá? ¿qué es? – Preguntó lleno de emoción y su madre le sonrió de nuevo, pero esta vez había un dejo de complicidad en su sonrisa. Algo que al principio Ezra no alcanzó a entender. - Hace dos años que te di el anillo para suprimir tus poderes – dijo su madre – y tal como lo esperaba, lograste dominar y adaptar tu cuerpo a ese estado de limitación forzada, para aprender a controlar tu fuerza de manera absoluta y poder usar tus habilidades hasta cierto nivel que dependerá de tu criterio… el anillo sirve para contener un gran porcentaje de tus poderes, pero eso no significa que no puedas usar ese porcentaje, tal y como lo descubriste durante estos dos años. Sin embargo, como ya sabes, al usar más poder del que el anillo te deja usar con libertad, tu cuerpo se agota porque le estás imponiendo una carga muy pesada, y tendrás que descansar por un largo periodo de tiempo. Es por eso que entrenábamos. Para enseñarte a usar tu poder solo hasta el limite que el anillo te permite. Pero ya que el anillo no termina de anular todos tus poderes y que ahora comenzaras la escuela, debemos ser mucho más precavidos. No podemos permitir que los humanos sospechen cualquier cosa solo porque ven a un niño con capacidades físicas que superan a la de los adultos humanos con creces. Así que para eso hice esto – le dijo mientras le mostraba un pequeño brazalete de color plateado. - ¿Qué es? – Preguntó Ezra bastante sorprendido por aquel regalo que su madre le estaba haciendo. - Esto cariño… es otro supresor de energía, pero en este caso, mientras lo tengas puesto, tendrás la fuerza y resistencia de un niño humano… - ¿Seré un debilucho como los humanos? – Preguntó casi asustado y su madre comenzó a reír. - No cariño – le dijo entre risas – tendrás la fuerza de un humano que ha entrenado para exprimir el máximo de sus capacidades. Por lo que, tus conocimientos de las artes marciales y tu dominio sobre ellas, así como el resto de tus destrezas, seguirán siendo superiores a las de cualquier niño, pero no a las de un adulto – explicó ella y él la miró sorprendida – como te dije cuando te di el anillo… una bestia enjaulada no deja de ser una bestia, solo está limitada por la jaula que la encarcela. Es por eso que nunca podremos quitarte lo que eres del todo y es por eso que siempre serás más fuerte que un humano. Pero necesitamos que seas menos fuerte que un adulto para no causar sospechas y esta es la única manera. - ¿Me estás queriendo decir que cabe la posibilidad que los otros niños me busquen pelea? – Preguntó con una sonrisa traviesa mientras miraba a su madre con una ceja alzada y ella se rio para asentir después. - Es exactamente lo que te estoy tratando de decir cariño… sé… no. Estoy seguro que los niños querrán problemas contigo en cuanto te vean, porque después de todo cariño… eres un buscapleitos que ama pelear. Has sido así desde que naciste… las peleas con Ethan y Vergeel siempre las iniciabas tu. - Creo que me estás dando demasiado crédito mamá… no ocasionaré ningún problema, eso te lo prometo – le dijo él, sonriendo como niño inocente, a lo que su madre le hizo una mueca de incredulidad y se sacudió la cabeza. - Eso no importa… te creo, pero debo asegurarme que nadie sospechará nada, ya que, realmente no puedo controlarte. Eres una bestia salvaje a la que no puedo domar y eso no me molesta. En tanto sepas cómo usar tu salvajismo de manera productiva. Es decir, que lo que hagas, tenga un propósito digno. Porque si no, si terminas peleando contra uno de esos niños humanos, solo por diversión, entonces no serás más que un bravucón que le gusta abusar de su fuerza para intimidar a los más débiles y estoy segura que yo no estoy criando a esa clase de persona. Estoy segura que mi hijo no es un bravucón sin cerebro que usa su fuerza para intimidar al débil. Ningún Crimson Rose, ningún Grayson, y en definitiva ningún Rayder, ha sido así jamás. - Está bien mamá… voy a complacerte – le dijo el pequeño y ella asintió con una sonrisa orgullosa y de victoria. Entonces ambos subieron al auto y Rebecca condujo hasta la primaria en donde ahora Ezra iba a tener su primer día de escuela en este mundo en el que ya llevaban poco más de dos años viviendo. Actuando entre las sombras en todo momento para no ser descubiertos por los habitantes de esta dimensión y no poner en peligro sus planes para reunir a los siete reyes. Al llegar a la primaria, Ezra besó a su madre en la mejilla como siempre acostumbraba a hacer y ella tomó las mejillas del niño entre sus manos y le dio un beso en la frente y otro en la nariz. - Te amo mi niño… cuídate mucho ¿Sí? – Le dijo su madre como despedida antes que el niño se bajara del auto y entonces él asintió con una sonrisa feliz. - Lo tendré mamá… ten un buen día tu también. Te amo – le dijo él y se giró hacia la escuela para comenzar a caminar hacia la entrada. En el camino se encontró con Walter, aquel niño que había conocido apenas había llegado a Silver Woods y quien se había convertido en un verdadero amigo para él. La razón de esto se debía principalmente a que, Walter, tenía algo que a Ezra le llamaba la atención. Había algo en él que no encajaba con lo que mostraba, pero sabía que esto no se trataba a ciencia cierta de Walter, sino en realidad de su familia. Ezra tenía mucho interés en saber acerca de los secretos que la familia de Walter guardaba. Secretos como, por ejemplo, los hombres lobo y la manada Moonlight Silver. Así que el niño lo mantuvo cerca como a un amigo, pero conforme pasaron el tiempo juntos, Ezra comenzó a realmente tenerle mucho aprecio a Walter y en tan solo dos años se convirtieron en los mejores amigos. Esto era algo que para Ezra resultaba un poco extraño, porque jamás se imaginó que su mejor amigo sería un humano y tampoco podía describir lo divertido que era tener un amigo como Walter, aun siendo humano. Pero la realidad era que, Ezra era solo un niño, y por supuesto había muchas cosas que no conocía. Esto también era lo que causaba que le afectara tanto que su futura pareja destinada fuera una humana. Hasta hacía dos años, él no conocía otra cosa que no fuera el mundo de los Huargos y las peleas para convertirse en el mejor guerrero de toda la manada Crimson Rose. Ese era su objetivo. No había cambiado ni un poco desde que tuvo memoria y conciencia para tomar esta decisión, pero si comenzó a cambiar su perspectiva sobre los humanos. - Así que finalmente comenzamos la primaria – le dijo Walter con una sonrisa – será un día muy emocionante. - Tienes razón… esta será una experiencia muy… nutritiva… - ¿Nutritiva? – Cuestionó Walter y soltó una carcajada escandalosa haciendo que todos voltearan a mirarlos y Ezra lo miró algo confundido y luego comenzó a sentirse acorralado y disgustado porque le vieran tanto. No era timidez, sino preocupación. Él no quería llamar la atención y lo que estaba haciendo Walter era llamar la atención. - Cállate Walter – le ordenó entre dientes mientras lo tomaba de los hombros y lo sacudía para que dejara de reírse. Entonces el muchacho se calmó y se limpió las lágrimas con los dedos – de todos modos… no entiendo qué es tan gracioso – le dijo después desviando la mirada y Walter volvió a reír, pero esta vez con disimulo. - ¡Nutritivo! – Repitió Walter – que palabras tan raras usas amigo… a veces me pregunto si en realidad eres un alíen en el cuerpo de un niño de siete años – le dijo mirándolo todavía con aquella sonrisa burlesca. - ¿Un alíen? – Cuestionó Ezra y esta vez fue él quien se carcajeó, aunque disimuladamente – eso es ridículo de pensar hasta para ti y lo sabes – le dice él. Precisamente porque esa era una de las cosas más divertidas de ser amigo de Walter. Él no era un niño muy parecido a los demás. Walter era un poco diferente en cuanto a personalidad. Más parecido a lo que sería un Huargo. él era extrovertido, divertido, pero también era serio y su manera de pensar no parecía la de un niño de su edad. Una prueba de ello era que, para Walter, era una completa estupidez pensar que los alienígenas existen, así como los fantasmas, o ese tipo de cosas. O al menos eso creía Ezra. - No me sorprendería si justo ahora me entero que si existen – dijo el niño y Ezra lo miró algo sorprendido y confundido – sabes… he dejado de pensar y ver estas cosas como algo estupido y sin sentido… la verdad aun no creo en los alienígenas, pero si creo en cosas sobrenaturales… por ejemplo… descarto la idea que seas un alien en el cuerpo de un niño, pero… ¿Sabes que idea suena mucho más lógica y menos trillada para mi en este punto?... que en realidad tu seas un hombre lobo – Ezra casi abrió los ojos de par en par por la sorpresa, pero pudo contenerse – he leído que, cuando eres un hombre lobo de nacimiento… desde pequeño ya tienes una personalidad bastante diferente a la del resto de los niños. Se dice que los niños lobos son mucho más serios y maduros que un niño humano. Piensan casi como un adulto, y también actúan casi como uno… aunque claro… solo son historias… viejas leyendas que he estado leyendo últimamente en la biblioteca de mis padres, pero ¿Sabes? Últimamente he llegado a pensar que estas leyendas, mitos, historias, son mucho más que eso… he llegado a pensar que hay todo un mundo a nuestro alrededor que realmente no conocemos ni entendemos, solo porque no tenemos la mente lo suficientemente abierta, y aquellos que tienen una mente así, solo lo creen como fábulas fantásticas que serían geniales si realmente existieran y por eso no lo ven con ojos realistas, sino como una ficción que desean que se haga realidad. Pero estamos los que pensamos que la ficción deja de ser ficción cuando es real y que, si fuera real lo presentado en la ficción, entonces no sería tan genial o emocionante. Tal vez si sería muy increíble, eso no lo pongo en duda, pero… ¿Sabes realmente el terror y pánico que sentirían las personas si se enterasen que los hombres lobo existen?... en fin, ya va siendo hora que entremos a clase. No le des importancia a todo lo que dije – terminó Walter con una sonrisa – solo estoy balbuceando cosas sin sentido que te aburrirían ¿No es cierto? En fin… creo que ya que me convertí en lo que he dicho desde siempre que no quiero ser. Uno de esos lunáticos conspirativos que se aferran a la creencia de la existencia de estas cosas. Walter comenzó a caminar hacia la entrada de la primaria y en ese preciso momento, Ezra entendió que él era más que un niño humano. Walter sabía mucho más de lo que decía saber. Todo lo que había dicho, no eran simples balbuceos sin sentido. Todo lo que dijo tenía absoluto sentido. Incluso la manera en la que había abordado el tema con un pensamiento tan maduro y realista, era algo que no se tenía de forma sencilla. Ezra se dio cuenta en ese momento, que algo había sucedido con Walter. Algo había hecho que cambiara su forma de pensar. O tal vez no en realidad. A Ezra se le ocurrió que tal vez nunca había tenido una forma de pensar diferente a la que había mostrado ahora. Solo la había mantenido en secreto, aparentando que no pensaba de esa manera, para no llamar la atención, tal y como lo hacía él. Pero… ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué comenzar a mostrar su verdadera forma de pensar justo en ese momento? ¿Qué había cambiado? ¿Qué lo había hecho cambiar tanto de opinión como para revelar algo que había mantenido en secreto durante dos largos años? En ese momento, tras esa serie de preguntas que comenzaron a rondar los pensamientos de Ezra, surgió la respuesta que él por supuesto no quería obtener. Una respuesta que a ciencia cierta no le convenía que fuera la correcta, pero que, era la más lógica si analizaba toda la información de manera minuciosa, pero concisa. ¿Y si él sabía sobre sus poderes? ¿Y si Walter sabía que Ezra era un hombre lobo? Aquellas fueron preguntas que Ezra no pudo evitar platearse. Después de todo, Walter había usado el ejemplo de la personalidad de los hombres lobo aun desde niño, para tratar de explicar la personalidad de Ezra. Eso no podía ser una simple coincidencia. No había manera alguna que eso fuera una casualidad. Pero hasta no estar seguro, debía hacer lo posible por hurgar más en ese secreto que ahora Ezra sabía que Walter guardaba con especial cautela, tal y como él lo hacía con el suyo. Pasadas un par de horas dentro de la escuela. Había llegado el momento del recreo. Ese momento en que todos los niños salían de sus aulas de clases para ir a jugar al patio, o ir a la cafetería de la escuela a comer algún bocadillo especial con el dinero que sus padres les daban para la mesada. Ezra no tenía alguna actividad que particularmente le llamase la atención. En su lugar, prefería ir a un sitio apartado de todos los demás y sentarse a comer la merienda que su madre le había preparado antes de salir de casa. Aquella merienda consistía en un sándwich con dos piezas de pan especial sin corteza, relleno de mermelada de durazno. Era una combinación de sabores que a Ezra le fascinaba desde que estaba más pequeño. En especial el sabor de la mermelada de durazno. Por eso su madre siempre le preparaba estas meriendas con platillos que combinaban sabores salados en muy mínima cantidad, con sabores dulces que predominaban, haciendo un perfecto contraste en la explosión de sabores lograda al final por la combinación. En la mayoría de los casos eran sándwiches, o panecillos horneados en casa por su madre, rellenos en su interior por algún tipo de mermelada. Dándole sabores muy especiales. Y, de hecho, además del sándwich, en la bolsa traía como extra y de regalo, un par de estos panecillos rellenos de mermelada de fresa. Su segundo sabor de mermelada favorito. Él, al verlo, sonrió feliz porque sabía que su madre lo estaba consintiendo de esta manera por su primer día de clases y aquello era uno de los mayores placeres que pudiera tener de niño. Que su madre lo complaciera con esos bocadillos llenos de sabores dulces que tanto le gustaban. Entonces, un grupo de cuatro niños más altos que él, aparecieron desde los lados, en aquel pasillo abandonado en el que se encontraba. Pocos niños solían ir a ese lugar y todos los nuevos que entraban eran advertidos, ya que este pasillo era parte de los dominios de los niños de último año de primaria, y estos al ser más grandes que todos los demás por su edad, usaban su tamaño y fuerza para intimidar a cualquiera que se atreviera a venir a este pasillo. A veces incluso salían de sus dominios para ir a molestar a los niños de grados inferiores y robarles sus meriendas o desayunos. O también para quitarles el dinero que los padres les daban a los niños. Eran unos verdaderos bravucones, y mientras se paraban frente a Ezra, que ahora estaba sentado en ese pasillo, tratando de comer su merienda, Walter estaba buscando a su amigo y fue cuando lo encontró, al igual que el resto de alumnos de diferentes grados que se reunieron en los alrededores de aquel lugar, simplemente para observar lo que iba a suceder. Por supuesto, nadie iba a interferir en eso, pero Walter, ya sabía lo que iba a pasar porque ya había sido advertido por uno de esos bravucones y precisamente por eso estaba buscando a Ezra. Él, que seguía sentado en el suelo de aquel pasillo, miró desde abajo a los cuatro bravucones mas altos que él, que se paraban allí y le obstruían la luz del sol. Estaba frente al patio de juegos, por lo que todo el mundo los estaba viendo. Ezra los miró un poco mal humorado porque sabía lo que se venía y no le gustaba para nada que ellos hubieran interrumpido la hora de su merienda por una tontería como querer intimidarlo. - ¡Miren que tenemos aquí muchachos! – Gritó uno de ellos y los otros sonrieron – un idiota que no sabe lo que le conviene y quiere morir – todos comenzaron a reírse escandalosamente y Ezra suspiró comenzando a perder la paciencia mientras el resto de los niños de la escuela observaban sin ánimos de hacer nada al respecto. - Mira esto Aaron – dijo uno de ellos caminando hacia el frente, al lado del que había hablado primero – mira lo que tiene en sus manos… eso se ve delicioso. - Tienes razón…. – dijo el primero saboreándose. - ¿Quién te hizo eso niño? – Cuestionó el tercero - ¿Tu mami?... porque si fue ella… entonces se nota que hace cosas muy ricas… quien sabe que otras cosas ricas sabrá hacer – dijo al final con un tono depravado que hizo enojar a Ezra. En ese momento él pensó “Con esa manera de pensar, es imposible que estos sean solo niños humanos… son unos depravados que podrían terminar convirtiéndose en psicópatas” - ¡Mira! – Exclamó el último – debes ser nuevo y tal vez por eso estás aquí sentado como si nada… déjame te explico como funciona todo… tu nos entregas esa deliciosa merienda que tal vez tu deliciosa mami te hizo. Nos das tu dinero, y ya. No ha pasado nada. Podrás irte tal y como llegaste, pero sin tu merienda y sin ti dinero… pero si te niegas, entonces te daremos una golpiza. Lo suficientemente fuerte como para enseñarte por qué no debes oponerte a nosotros, pero lo suficientemente suave como para que los profesores no se den cuenta que abusamos de ti, al igual que tu rica mami… y si resulta que te dimos una paliza y nos acusas con los profesores, entonces te irá muy mal, y si resulta que también nos acusas con tus papás, te irá mucho peor. Así que… tu decide ¿Qué harás? Justo en ese momento Walter dio un paso para interferir, pero vio que Ezra se levantó con una mirada que solo había visto una vez, y era una mirada que le decía que para nada él estaba indefenso en contra de esos cuatro gorilas, pese a que ellos fueran mucho más grandes y fornidos que él. Ezra dejó la bolsa con los panecillos en el suelo detrás de él, pegada a la pared y tomó el sándwich en su mano derecha, mirándolo con detenimiento. Luego miró a los bravucones y sonrió. - Les diré lo que voy a hacer – dijo con aquella sonrisa que a Walter le resultó macabra – dejaré que intenten quedarse con mi comida, con mi dinero, y que intenten darme una paliza, todo mientras intento comer mi sándwich que, si, me lo preparó mi mamá, y en el proceso les voy a partir la cara a cada uno de ustedes por tener pensamientos tan depravados siendo tan solo niños de primaria y no importará que me expulsen de esta escuela con tal de enseñarles una lección que nunca olvidaran. - ¡Este niño! ¿Quién se cree? – Dijo el primero que había hablado mirando a sus compañeros con una sonrisa, justo un segundo antes que Ezra le propinara un fuerte puñetazo en el estómago que lo dobló en dos y lo hizo caer de rodillas al suelo, sin aliento. - ¡Tu… maldito niño!... – el segundo quiso atacarlo, pero Ezra dio un barrido al suelo con su pierna derecha, usando como centro de rotación su pie izquierdo, y cuando el segundo perdió el equilibrio y sus pies abandonaron el suelo, Ezra lo tomó del cuello e inmediatamente lo lanzó contra el tercero. Estrellándolos a ambos contra la pared. El último se le lanzó encima, pero Ezra dio un salto y un giro en diagonal con sus piernas, lanzándole una patada que él mismo denominaba como Axekick – porque parecía el movimiento que se hacía para cortar la leña con un hacha – dándole justo en la cabeza y enterrándolo de bruces en el suelo. Justo al caer y afirmar sus pies, notó que el primero al que había golpeado, se estaba recomponiendo y antes que se recuperase, le dio una pata en reversa justo en la mejilla con la que lo derribó de nuevo y lo dejó casi inconsciente, mientras que los otros dos se levantaron, sobándose la cabeza ambos por el golpe que se habían llevado. Pero Ezra no les dio tregua alguna y corrió hacia ellos. Saltó sobre la pierna de uno, impulsándose en su muslo para saltar de nuevo y dar una voltereta hacia atrás en el aire mientras pateaba con la punta de su pie, justo en el mentón de este chico. Y al otro lo tomó de la cabeza con las manos cuando ya había dado la voltereta, y le clavó un rodillazo en el rostro, casi rompiéndole la nariz. Ezra volvió a afirmar sus pies en el suelo y todos lo miraban muy sorprendidos. - Al final solo eran bravucones abusando de su tamaño para intimidar a los demás… pero en realidad son unos debiluchos – les dijo sonriendo casi con emoción y se retiró para recuperar sus panecillos. Todo esto lo había hecho mientras comía su sándwich, así que solo le quedaba disfrutar de los panecillos, pero antes de retirarse, se giró hacia ellos y les dijo – ah y… si les preguntan qué pasó… dirán que se lo hicieron peleando entre ustedes… de lo contrario, si me acusan con los maestros, les irá muy mal. Y si me acusan con sus padres, les irá mucho peor… ustedes deciden qué hacer. Yo cumplo con advertirles. De hoy en adelante, este es mi pasillo, y el que quiera reclamarlo, puede venir a retarme. Al fin y al cabo, todos terminaran como ellos… ¡Niños! – Gritó mirando a todos los espectadores – de hoy en adelante pueden venir aquí sin preocuparse por ellos… pero no se confundan creyendo que por esto seremos amigos. Ustedes déjenme solo, y estaremos todos bien. Se dio la vuelta y se marchó antes que llegaran los profesores a ver qué había sucedido. Al cabo de unos minutos, Walter lo había seguido y finalmente lo encontró en el tejado de la escuela, comiendo a solas sus panecillos. Él le sonrió y le ofreció uno, ya que lo consideraba tan buen amigo como para compartir sus bocadillos con él. Cosa que Walter sin dudar aceptó y sentándose a su lado lo miró un poco pensativo mientras mordía el panecillo que Ezra le había compartido. - ¿Eres un hombre lobo no? - Ya lo sabías incluso antes de ver lo que viste hoy – le dijo Ezra sin mirarlo y comiendo su panecillo tranquilamente – no veo razones para preguntarme eso justo ahora. - No estaba seguro… quería… espera ¿Cómo sabías que yo sabía? - Lo que dijiste esta mañana – le dijo con la boca llena y Walter lo miró sorprendido – al principio sospeché mucho, y quise creer que no, pero cuando te vi no tratar de interferir, y olí tu tranquilidad, supe que estabas seguro que no estaba indefenso y que no necesitabas interferir en nada. - Yo… - ¿Desde cuando lo sabes? – Preguntó Ezra – esa es la verdadera pregunta importante ahora, y también… ¿Cómo es que te enteraste?... ¿Tus padres no son simples bibliotecarios no? ¿Quién eres realmente? - Eso quisiera saber yo – dijo Walter con nerviosismo – hasta ahora quería pensar que solo era mi imaginación, y que todas esas historias que leí en los libros de mis padres no eran más que solo eso, historias. Porque… después de todo… no tiene sentido creer que esas cosas son reales. Pero algo había muy extraño en todo lo que había leído. Todos los libros hablaban de Silver Woods y de fenómenos que solo ocurren aquí, como el fenómeno de la cascada. Lo conozco porque mi hermano mayor un día salto de esa cascada mientras yo lo observaba, y él me contó sobre el fenómeno de la capa de agua a la mitad de la cascada que disminuye la velocidad de la caída. Así que… comencé a pensar que tal vez no todo fueran historias simplemente, porque el libro también hablaba sobre ese fenómeno de la cascada. - ¿Entonces tus padres son magos? - ¿Cómo llegaste a esa conclusión? – Preguntó él. - Solo aceptando que la magia existe, serías capaz de comprender que todo lo demás es real. Y estoy seguro que, si tus padres tienen libros con esa clase de información, entonces los deben tener bien resguardados en algún lugar al que sus hijos no puedan acceder fácilmente. Así que supongo que los descubriste entrando a ese lugar al que normalmente solo se puede entrar con magia y luego buscaste la forma de colarte allí. Tomaste un libro y comenzaste a leer intentando descifrar todo lo que sucedía… ¿Hace cuanto fue eso?
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