Una mañana me fui a la floristería y compré un ramo de flores y me dirigí al cementerio, y después de preguntar al hombre encargado de abrir las tumbas, por el nombre de Rufina López, ese hombre me dijo que su tumba yacía en una de la partes más alejadas y abandonadas del cementerio, incluso estaba enmontada y las lapidas se hallaba casi enterradas y otras en el suelo, y cerca de un arbolillo de limones estaba una lápida a medias hacer con la inscripción de “Rufina López QEPD”, solo eso decía, coloque las flores sobre esa tumba y viendo la lápida, le di las gracias por tantos años de atención y por haber sido muy buena persona conmigo, en mi mente llegaron recuerdos de cuando ella me contaba sobre mi propia familia y cuando me decía de lo peligroso del mundo y sobre todo de lo impo

