•Narra Kenny Stewart• —¡Suéltame! —me grita y la suelto en medio de nuestra sala, ya en la mansión. Todo el camino no quiso decir nada, se inundo en un eterno silencio, pero aún así, no se lo pienso dejar pasar. —Vamos a aclarar muchas cosas —se lo advierto señalándola con mi dedo, con mi rostro delineado de mi ira. Ella está nerviosa y refleja que claramente no tiene escapatoria —tienes la oportunidad de hablar por ti sola, o por lo contrario, cuestionare absolutamente todo. —¿De qué estás hablando? —dice mostrándose inocente. —Madre, te lo pido, es mejor que hables antes de que llegue a mi límite y explote. —Al parecer permanecer en la cárcel te cambio, ya no me respetas como antes—se atreve a decirme, cruzándose de brazos reluciéndose ofendida. Yo tiro aqueo una ceja y tiro

