Héctor y Zigor estaban en la habitación, ansiosos y esperando pacientemente a las cinco mujeres que se presentarían para llevar a su hijo en su vientre, mujeres que serían atendidas y luego les entregarían una considerable suma de dinero para que se alejaran junto con la firma del contrato donde no debían acercarse al niño o hablar sobre su origen. Treinta y cinco años, recién tendría a su hijo y eso lo ponía ansioso. Nunca se había mostrado afectivo hacia las personas que amaba, ¿Cómo lo haría con ese niño? No estaba y aunque quisiera cambiar las reglas que estaban impuestas desde hace mucho tiempo, sería imposible. —Tranquilo, elegiremos bien. En poco tiempo el niño estará con nosotros y será otro fuerte Brais. —Si por mí fuera, no lo tendría. No es una opción

