La mañana después de que Victoria llegara temprano, desperté con un nudo en el estómago. Había algo diferente en la forma en que me miró durante el desayuno. Algo evaluador. Como si estuviera resolviendo un rompecabezas y acabara de encontrar una pieza que no encajaba. —Buenos días, cariño. —Me sirvió café—. ¿Dormiste bien? —Sí. ¿Y tú? —Mmm. —No fue realmente una respuesta—. Alejandro ya se fue. Tenía reunión temprano. —Ah. —Dijo que se despidió de ti anoche. Antes de que yo llegara. ¿Lo había hecho? No recordaba. Habíamos estado tan enfocados en separarnos rápido cuando escuchamos su auto que no recordaba si habíamos fingido una despedida apropiada. —Creo que sí —dije, tratando de sonar casual—. Estaba bajando por agua cuando él subía a su habitación. Mi madre me estudió sobre el

