GEORGE Conducir tranquilamente durante horas es una de mis cosas favoritas. Escuchar el rugido del motor del coche y romper el silencio ensordecedor de la naturaleza es muy emocionante. Lorena se sentó a mi lado, como de costumbre. Apoyó la cabeza en la ventanilla lateral y se quedó mirando las interminables tierras verdes que nos rodeaban. No dejaba de tararear en voz baja o simplemente disfrutaba del silencio que nos envolvía. Después de despertarnos con las piernas entrelazadas y las manos entrelazadas, Lorena empezó a evitarme un poco. Se sonrojaba cada vez que nuestras miradas se cruzaban. Incluso murmuraba maldiciones entre dientes cuando yo estaba cerca. Su inquietud me hacía sonreír e incluso reír. Estaba tan mona que me daban ganas de pellizcarle las mejillas enrojecidas. Mient

