CAPÍTULO 18

1134 Palabras

El sonido de la taza de café rompiéndose en el suelo hizo que Aileana encogiera sus hombros. —¡Otra vez! Ya es la segunda vez que te sucede, a este paso nos dejaras sin tazas. Gritó el hombre mayor. —Lo siento, no volverá a suceder, lo que pasa es que se me dificulta equilibrar la charola, pero prometo no volverá a pasar. El hombre resopló tratando de calmar su enojo. —Está bien, recoge todo este desastre. —Si señor. Aileana se agachó para recoger los pequeños trozos que habían quedado de la taza de café, suspiró un poco porque se sentía impotente que a pesar de dar todo su esfuerzo se le estaba dificultando el empleo. Sintió como un dolor invadió su mano y vio como se había hecho una herida en uno de sus dedos con un trozo de la taza rota. "Solo esto me faltaba" Pensó Ailean

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