Observó las paredes de su vieja habitación, todo estaba tan aburrido, tan blanco.
Ya no había posters de Zac, paredes rosas o retratos adornando el cuarto.
Bufó acomodando la pollera negra que llevaba y abrió la puerta, dispuesta a ir a desayunar.
Pero, diablos, por supuesto que no iba a tener buena suerte.
Al abrir la puerta, al maldito mismo instante, Luke Henderson abrió la del cuarto enfrentado al de la chica.
Hace años, ese cuarto le habría pertenecido a él... Es muy cómico que ahí se esté quedando su novia ahora.
-Bella.- soltó a forma de saludo, se mantuvieron la mirada por un segundo.
No planeaba verlo allí desde tan temprano, no estaba lista, tampoco tenía un plan. Estaba en blanco.
Luke seguía frente a ella, observándola detenidamente.
Llevaba puesto unos cómodos shorts y una camiseta color n***o.
Su cabello estaba algo despeinado y tenía signos de haberse levantado hace unos momentos.
No jodan...
-¿Acaso te quedaste a dormir aquí, o qué?- cuestiono luego de largos segundos.
Tenía todo el oxigeno comprimido en su interior, no quería que note que estaba nerviosa.
Dichos nervios comienzan lentamente a transformarse en una especie de ira cuando ve como una no tan inocente sonrisa se va dibujando en su asqueroso rostro.
-Me quede con Petty...- dice como si nada.
Cruzó los brazos por encima de su pecho.
No eran celos maldición, no eran celos.
-Petty.- repitió con gracia, burlándose de su patético nombre.- ¿Acaso ella te dice Luty?
Observa como Luke rueda sus ojos y luego comienza a caminar en dirección a las escaleras, suponía que él también iría a desayunar.
Esa casa se estaba convirtiendo en un hotel.
-Isabella-él se da vuelta antes de llegar al primer escalón. La más baja hace una señal con su cabeza para que hable.- Dejemos las cosas claras para hacer más llevadero nuestra convivencia, ¿Si?
Ladea su cabeza, jugando con su cabello en un falso intento de parecer inocente.
-No sé a lo que te refieres.- sale más como un susurro.
Él parece comenzar a ponerse nervioso.
Retrocede algunos pasos, ahora está a la misma altura que Bella.
-Me refiero a lo de ayer, en la cocina.- ella no puede evitar sonreír, esta tan alterado.- Tengo una jodida novia, Bella. Respeta eso.
Frunce el ceño falsamente.
-Sin embargo...- invade su espacio personal otra vez, él hace un paso atrás, por lo que queda contra la pared del pasillo.- Tu cuerpo reacciono, no yo.
El rubio trago en seco.
-Esa fue una maldita reacción natural a tu toque, Isabella. Lo sabes.- apunto a su ex novia con el dedo, empujándola débilmente.
-O... Tu estúpida no te está atendiendo cómo quisieras.-él abrió los ojos.
Luke niega con la cabeza y se gira, abandonando el pasillo, ignorando mis palabras.
Ahogo una risa.
-Enserio, ¿Qué le hiciste a la antigua Bella? ¿Quién eres tú?
Isabella también camina a las escaleras, pasa por su lado y se detiene a la altura de su oído.
-Lo que dejaste de ella, seguramente.- aprovechó esa cercanía para besar su lóbulo de la oreja, haciendo que un escalofrió recorra su cuerpo. – Suerte con tu frustración, Luty.
(...)
Luego de caminar y caminar, Bella había llegado a aquel lugar donde quería ir desde que estaba en Sídney.
Recorrió el camino, observando las flores decorando los pedazos de piedra y ese ligero aroma a tristeza.
Frenó cuando encontró el lugar que buscaba.
-¿Qué hay amigo?- cuestionó arrodillándose poco a poco frente a la lapida.- ¿Me extrañaste, Curtis?
Ya sentía ese dolor en su pecho como todas las veces que había venido a verlo.
Habían pasado tres años desde que su mejor amigo murió.
Si tan solo él supiera como están las cosas ahora.
Como llora cada vez que un recuerdo a su lado llega a su mente.
Curtis ya no estaba ahí.
Tenía que entenderlo de una maldita vez.
Lo había tratado con su psicóloga, tenía que pasar por toda esa fase, estaba entrando en la aceptación.
Sabía que Curtis donde sea que este, estaba siendo feliz, seguramente cuidaba de todos los perros que quería y coqueteaba con muchas chicas.
Mientras ella estaba aferrada a este estúpido mundo, sufriendo... Sola.
Esa era la pura verdad. Isabella estaba sola.
Se había alejado de su familia, sus amigos y todo aquel que quisiera acercarse a ella.
La soledad era su única compañía y aunque ella quería asumir que eso estaba bien, no lo estaba.
Nadie podía vivir solo.
-¿Qué debería contarte primero? – Acarició las flores que tenía en su mano, eran azules, las que le gustaban a Curtis- Tommy está realmente grande, es un juguetón y el mejor amigo de Nelson.- Bella le contó, pequeñas lagrimas ya se acumulaban en sus ojos.
Luego de contarle varias anécdotas, termino soltando algunas lágrimas.
Bella no podía continuar de esta manera, tenía que encontrar una forma de ser la Bella que era antes pero... ¿Realmente ella quería hacer esto?
-Te extraño tanto.- dijo entre sollozos, acariciando sus débiles brazos.- Me haces tanta falta, realmente me abandonaste en este mundo.- no recibió ninguna respuesta, como siempre.- Te amo.
Se despidió de su amigo y comenzó a caminar, dirigiéndose a la salida del cementerio.
-¿Bella?- escucho como alguien la llamaba.
Se dio vuelta, algo sorprendida, conocía ese tono de voz.
Un morocho, alto, de ojos claros se acercaba a ella vestido de traje y con una muy forzada sonrisa.
-¿Colen?- soltó, más asombrada que antes.
El más alto camino hasta llegar frente a la rubia.
También se había alejado de Colen al mudarse, este aun le enviaba algunos correos, que ella no respondía.
-No esperaba verte aquí, ni en Sídney.- paso un brazo por su cintura, abrazándola con más fuerza de lo necesario, Colen necesitaba ese abrazo.
-Vine a ver a Curtis.- susurra, aun con tristeza.- ¿Tu?
Él volvió a sonreír con fuerza.
-Mi abuelo falleció.- conto.
Bella pudo ver la tristeza en su rostro.
-¿Quieres... ir por un café?- pregunto mientras sobaba su espalda.
-Me encantaría.