Capítulo 5 "Invitación de cena"

1838 Palabras
Esa mujer me estaba haciendo pensar demasiado desde que había llegado a la empresa, sobre todo luego de lo sucedido el día anterior, me había ofrecido a llevarla porque me había comportado como un completo idiota. Pero cuando llegamos resultó ser un instituto, allí bajó sin decir ni una sola palabra, ni siquiera me dijo si quería que la esperara para llevarla a casa y la vi ir directo a un niño. Fue allí que comprendí mejor como logró la cercanía con Ethel, es madre de un niño, le miró el rostro golpeado al niño y entró a aquel lugar tirando del niño sin siquiera hacer caso a lo que el niño le decía. Se veía con miedo y yo creo que debía de tenerlo, porque a pesar de que Salomé se ve como una mujer tranquila, con una carácter bastante paciente, no parece serlo cuando se trata de su hijo. Le pedí a Ethel que se quedara en al auto, le dejé mi el celular de emergencia por si sucedía algo. Después de todo uno nunca sabe, cuando tengo que ir a algún sitio como un banco, son sitios donde ella se aburre, le dejo en el automóvil con el aire acondicionado encendido y también un celular por si necesita llamarme en caso de que algo esté sucediendo. No quise bajarla conmigo, porque me pareció de que habría un gran problema allí, pero la curiosidad que me causa esa mujer es algo de otro planeta, además no se ve como una mujer que fue madre. Físicamente se nota que cuida su cuerpo, que hace deporte, pero más allá de eso, es su manera de ser que me parece interesante. Entré en aquel instituto y no fue necesario buscar demasiado, solamente seguir los gritos, cuando llegué al lugar me topé con que estaba con ambas manos apoyadas sobre el escritorio a pocos centímetros del rostro de que me pareció que era la maestra del chico y decía: —No le va a volver a poner una mano encima a mi hijo, me parece que usted no está calificada para cuidar de niños ¿Se cree en autoridad de tomar del brazo a mi hijo? —le hablaba con calma, pero estaba llena de furia— La única que tiene ese derecho soy yo, su madre y jamás le he levantado la mano, porque hay maneras mejores de educar a los niños ¿Es maestra y no lo sabe? Me quedé recordando sus siguientes palabras, porque cada cosa que dijo me hicieron quedarme meditando al respecto. —Yo educo a mi hijo, trato de hacer la mejor versión de mi hijo, para que el día de mañana no se convierta en justamente un tipo de persona como usted, entonces —miró a la directora— ¿Va a despedir a esta mujer por su actitud o tengo que buscar otro instituto que esté calificado para mi hijo? Por supuesto que la respuesta de la directora fueron claras, que ella no podía despedir a la maestra por un incidente, que esas cosas podían pasar cuando los niños tenían problemas de disciplina, que su hijo es un niño problemático y que si deseaba cambiarlo por algo tan pequeño como eso, lamentaba que tuviera que hacerlo. Incluso yo sentí la rabia recorrer mi cuerpo, pero Salomé, ella no se quedó con la rabia sin demostrarla, le dio una bofetada a la maestra mientras le tapaba los ojos con una mano a su hijo y cuando la bofetada resonó en toda la sala una sonrisa se le escapó de los labios. —Esto también ha sido un accidente, es la misma comparación que acaba de hacer, puede estar segura de que mi hijo no volverá por aquí —le dijo rabiosa. Basto con que se diera la vuelta, con que se topara con mi rostro y pude darme cuenta de que estaba reteniendo las lágrimas, impulsó a su hijo para que caminara delante y cuando pasó por la puerta principal del lugar, entonces dejó salir las lágrimas. La llevé a su casa, en el camino que la verdad traté de conducir moderadamente, pude ver a su hijo jugando con Ethel, es un niño que se relaciona con facilidad y se parece bastante a su madre, tiene una actitud dulce, es bastante amable. Puedo entender la rabia de Salomé, se aprovechan de su condición y eso me frustra, por eso decidí hacer algo que puede ser cuestionable cuando acabas de conocer a una persona. En la mañana antes de llegar al trabajo pasé por el instituto al que iba Ethel, el próximo año tiene que volver a estudiar, como le asigne un profesor particular porque no se sentía cómoda yendo a estudiar, no le fue obligatorio ir. Pero a partir del próximo año tiene que retomarlo, le pagué una beca por todo el resto del año en el instituto de Ethel al hijo de Salomé y les pedí que dijeran que era una beca anónima que se sorteaba a lazar entre niños de escuela pública. Hice esto porque no quiero que ella lo malinterprete, no quiero que lo vea como un gesto de pena o que crea que lo hago por algo en particular. No sé tampoco si sería capaz de aceptarlo, por lo poco que he visto de ella, es una mujer bastante humilde y las personas como ella no parecen ser de las que aceptan ayuda. Esta mañana avisó que tendría que llegar más tarde, estoy seguro de que fue porque fingirían hacerle una entrevista, aunque quedaría por supuesto porque al final pagué bien, les pedí especial atención con el niño, como si fuera mi hija y ya saben a qué me refiero con eso. Ethel estaba sentada haciendo sus tareas hoy, me aproximé a ver que tal iba cuando cerró su cuaderno y se dio la vuelta para mirarme. —Papá, ¿Puedes pedirle a Salomé que venga a casa después del trabajo? —pregunta con especial curiosidad. —¿Para qué quieres que le pida eso? —le devolví la pregunta sin darle una respuesta- —Quiero que lleve a Cleon a jugar conmigo, es un niño agradable y nunca va nadie a casa —comenta y vuelve a abrir el cuaderno. —La invitamos a cenar si te comportas —le digo ojeando su tarea— Esa cuenta está mal. Le señalé la operación con una sonrisa mientras ella hacía un gesto de molestia y murmuraba algo entre dientes que no pude entender. Regresé a trabajar, estuve viendo unas inversiones que se habían hecho sin mi autorización, algo que me parecía fuera de lo normal, sin embargo, lo dejé pasar cuando golpearon a la puerta. —Adelante —digo cuando se asoma Salomé con un gesto de pena. —Disculpe la tardanza señor, sé que el trabajo no debe mezclarse con la vida personal, pero me llamaron de un colegio para Cleon y era una oportunidad única —explica acercándome mi café. —No te preocupes, es tu hijo y luego de lo sucedido, le mejor es que encuentres un colegio cuanto antes, ¿Quedó dentro del colegio? —pregunté fingiendo no saber nada y le di un trago al café. —Sí, señor, es un muy buen colegio y una oportunidad que normalmente no podría financiar, aunque sea por un año —explica acomodando el traje que lleva puesto y gira en dirección a Ethel— Buenos días Ethel. Mi hija se levantó de la silla y vino a saludarla, verla socializar de ese modo me hace muy feliz, carraspeo al ver que la abraza y la miro esperando que sea ella quien haga la invitación, pero al darme cuenta de que no entiende mi referencia me toca abrir la boca. —Ethel quería invitarlos a ti y a tu hijo Cleon esta tarde después del trabajo para que vayan con nosotros a cenar, ¿acepta? —pregunto viendo cada gesto de su rostro, al parecer la propuesta la toma por sorpresa. —No sé si eso sea correcto, señor —confiesa cabizbaja. —No se preocupe, no hay inconveniente por una cena, además a Ethel le pareció agradable su hijo y le gustaría volver a jugar con él —ella levanta la vista con una sonrisa. —Bueno, en ese caso no puedo rechazar la propuesta —dice acariciando la mejilla de mi hija— Llevar a Cleon creo que le hará bien, ayer mejoró mucho su humor al compartir tiempo contigo Ethel, al parecer a él también le agradas. —¿Está mejor su ojo? —pregunta un poco temerosa. —Sí, no te preocupes cariño —se inclina a su altura y le toma las manos— Él es un niño fuerte y siempre se mejora rápido. —¿Me ayudas con mi tarea? —le pide haciendo puchero. Un infalible truco de Ethel, hacer esa carita de cachorrito para que sientas pena y no puedas decirle que no. —Claro que sí —medio sonríe. Debo admitir que me fue imposible concentrarme en el trabajo, ver como mi hija sonreía mientras ella la ayudaba con su tarea, me dio un sentimiento de paz, de satisfacción y a su vez melancolía, porque volvió a mi mente el recuerdo de su madre, que tendría que haber sido ella quien la estuviera ayudando como ella lo hace. Al final terminé optando porque saliéramos antes del trabajo, sobre todo porque, ya que no puedo concentrarme en lo que estoy haciendo podemos adelantar una cena magnífica, al menos así Ethel estará feliz, aunque mi hermana no lo esté tanto cuando vea mi rendimiento dentro de la empresa en los últimos días. Entre las citas y las peticiones de Ethel últimamente estoy trabajando mucho menos de lo normal, cuando eso pasa normalmente mi hermana me llama la atención al ser ella la que dirige la compañía. Pasamos por Cleon antes de tiempo, lo sacamos antes de tiempo del colegio y entonces Ethel hizo un comentario que no había tenido en cuenta. —No puedo creer, vas al mismo colegio que yo venía —dice con una media sonrisa— Papá, ¿puedo regresar a estudiar aquí? Su pregunta me hizo quedar pasmado un momento, en primer lugar porque no sé que tan sospechoso será para Salomé que sea el mismo colegio y en segundo lugar porque no esperaba que quisiera volver tan pronto a estudiar. —Cuando desees volver puedes hacerlo, ya lo habíamos hablado, hija —digo con una media sonrisa y nerviosismo. —No sabía que su hija estudiaba en este mismo sitio —dice poniendo su atención en mí. —Se lo hubiera dicho si me hubiera mencionado de qué instituto le habían llamado —digo tratando de mantener mi compostura y me aflojé un poco la cortaba— Cleon colócate bien el cinturón. Le pedí antes de comenzar a conducir, lo bueno es que el colegio no quedaba tan lejos de la mansión y al menos así podría evitar la incomodidad de la mirada de Salomé.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR