La Señora Eugenia le pide a Rebeca que haga pasar a los invitados, Rebeca es una chica trigueña, de estatura1,80 aproximadamente, cabellos rizos y largos que solo al lavarlos puede sentirlos caer hasta sus nalgas, de nariz perfilada y ojos marrones como las semillas de café, no se le nota ninguna expresión facial y sus movimientos corporales son casi que robotizados, no le es permitido hablar con nadie si quiera con la Señora Eugenia, debe portarse a la altura y no andar sonriéndose con absolutamente nadie como lo hacen las realengas, le dejo bien claro la Señora Eugenia antes de contratarla como servidumbre en su hacienda.
Los padres de Rebeca fallecieron en la guerra de civil perdió su casa y absolutamente todo quedando sola y desamparada.
— ¿porque a mi? — ¿porque mis padres? — ¡Dios mio Ayúdame! ¡Ayúdame! Era lo único que pedía Rebeca entre llantos y gritos pues el mundo se le venia encima, la gente corría de un lado a otro sin parar de gritar, llorar, intentando proteger lo que para ellos era lo mas valioso, Rebeca se encontraba en estado de shock aquel escenario nunca seria olvidado por ella.
Caminó y caminó tras varios días solo con la ropa que llevaba puesta el día de esa terrible guerra en donde perdió lo mas preciado que tenia, sus padres, sin nada que comer y con el corazón destruido en mil pedazos solo se preguntaba
— ¿Ahora que voy hacer?
Luego de unas horas se acerca hacia ella una señora de unos 54 años aproximadamente y le dice:
— ¡Niña como lo siento, — Don Eustaquio y Doña Maria eran unas grandes personas, luego la abrazo muy fuerte tocando y acariciando su hermoso cabello hasta donde sus arrugadas manos le llegaban, mi niña se como te sientes porque yo se lo que es perder a alguien que amas con tu corazón, ven vamos a mi casa, allí vivo sola y un poco de compañía no me haría mal.
Se dirigieron a casa de la señora Antonia en la que Rebeca permaneció por cinco años hasta que la anciana se enfermó y fue empeorando progresivamente, en el transcurso de los cinco años de convivencia la señora Antonia llevo a Rebeca a casa de la Viuda De Nieves a la que Rebeca ayudaba en algunas ocasiones con las labores del hogar, la señora Antonia sabia que en cualquier momento partiría de este mundo y no quería que aquella niña a la que conoció desde que nació fuese a quedar sola sin siquiera saber que comer y sabrá Dios en manos de que persona, por ello cada vez que visitaba a su gran amiga Eugenia recomendaba a Rebeca para que trabajara en la hacienda de la señora Nieves, trataba de convencerla poco a poco con el trabajo que hacia Rebeca.
Una madrugada de Enero específicamente a las 4:30 A.M. Rebeca toca la puerta de la recamara de la Señora Antonia para llevarle un te de Hierba Luisa como lo hacia de costumbre, toca la primera vez
—Toc —Toc espera unos minutos y toca nuevamente
—Toc —Toc — pero nadie responde así que abre la puerta cuidadosamente y dice con voz baja
—¡Señora Antonia! — ¡Señora Antonia! ¡aquí tiene su tesito aproveche que esta caliente!
Esperaba Rebeca escuchar — ¡Dios te Bendiga hija! como lo escuchaba desde ya hacia cinco años.
—¡Señora Antonia! —¡Señora Antonia! — Se acerca hacia la cama y de pronto la piel de Rebeca se eriza y siente que sobre ella cae un balde de agua fría pues aquella señora quien la acogió en su hogar y por la quien sentía un cariño muy grande había fallecido, otra vez aparece esa tristeza tan grande, ese vacío que por mas que respira siente que no tiene fondo, ese nudo en la garganta que corta la respiración, es un sentimiento inexplicable nunca se está preparado para afrontar la muerte de un ser querido, ningún ser humano quiere pasar por aquello que sentía Rebeca Borges esa madrugada; pero la muerte es inevitable y cuando llega solo llega y no la podemos evitar.
— ¡Buenos días caballeros bienvenidos pasen adelante
—¡Gracias! —responde rápidamente Don Manuel quien intenta disimular frente a la Señora Eugenia y no deja de mirar de arriba abajo a Rebeca, a la que su experiencia le decía no pasaba de 19 años de edad
— ¡Gracias! — Andrés mirando a aquella chica, se encontraba algo nervioso pues era su primera vez teniendo un contacto tan directo con una chica, enseguida bajo la mirada y siguió caminando hasta la entrada a aquella casa tan despampanante tanto como el atardecer llanero tomando café al contemplarlo.
—Rebeca traenos algo de tomar para mi el un café ya sabes como me gusta con poca azúcar, recalcó la Señora de Nieves
—¿Y ustedes caballeros que desean tomar? — pregunta la señora Eugenia
—Un café bien cargado por favor sin azúcar y para mi hijo igual — contesta Don Manuel sin si quiera dejar que Andrés diga una sola palabra avergonzándolo frente a todos.
—Enseguida, con permiso —contesta Rebeca sin mirar a la cara a los invitados y apresurándose.
—Ya veo que viene con su hijo, a ver ¿como te llamas muchacho?
—Mucho gusto mi nombre es Andrés — contesta levantándose de la silla y tomando y besando la mano extendida por la señora Eugenia.
— Muy educado el mucho, a ver y que quieres hacer junto a tu padre
— En seguida Don Manuel quería hablar por su hijo en lo que fue interrumpido por la señora Eugenia.
— Manuel deja que el chico hable, casi ni siquiera se cual es su tono de voz — Don Manuel un poco molesto pero sin poder hacer mucho se tragó su rabia disimuló y exclamó:
— ¡A veces olvido que mi hijo ya es todo un hombre, perdone mi señora!
—Doña Eugenia quiero aprender y quien mejor que mi padre para yo tomar su ejemplo, quiero poder ayudar a mi madre y hermana y por supuesto poder llevar el sustento a nuestro hogar.
—Ja ja ja ja ¡Muchacho que cosas dices! Si ni siquiera sabes como doblarle el pescuezo a una gallina y estas pensando en custodiar una hacienda, dijo Don Manuel "en forma de broma" ridiculizando una vez mas a su hijo.
—Caramba muchacho que buena manera de pensar te felicito — exclamó la Señora Eugenia, haciendo caso omiso a la mala broma dicha por Don Manuel.
En ese momento llega a la sala de la casa Rebeca quien pide permiso y comienza a servir el café a los invitados
— ¡Con permiso! — dice Rebeca y
luego camina detrás de la señora Eugenia para colocar muy cuidadosamente la taza de café del lado izquierdo, luego hace lo mismo colocando el café de Don Manuel a quien no le queda más opción que aguantar su mirada deseosa y por último coloca la ultima taza de aquel caliente fuerte y amargo café del lado de Andrés, es justo en ese momento cuando de una manera muy rápida sus miradas se cruzan, sintiendo algo de susto ambos desvían rápidamente sus miradas pero algo ya ha sucedido....