Las puertas de la enorme casa se abren; Johanna camina al lado del señor Kim y antes de seguir se quitan sus zapatos, cambiándolos por unos más cómodos. Dan unos pasos por el pasillo, quedando a un metro de distancia de las escaleras… Unos pasos comienzan a escucharse en el fondo. La extranjera se da cuenta de cómo su acompañante hace una reverencia y no levanta la vista. Sin saber qué más hacer, solo hace lo mismo. Los pasos se siguen escuchando cada vez más cerca de ellos hasta que se detiene en frente de la pareja. Johanna solo logra ver la falda blanca de la mujer y sus pies. —Hola, hijo, y creo que tú debes de ser Johanna, ¿verdad? —habló la mujer con un tono muy formal. —Hola, señora Kim, sí soy yo y es un gusto en conocerla —responde Johanna muy amable. —No sé si podría dec

