Faltaba una semana para la boda, yo no me sentía segura de lo que estaba haciendo, tenía malos presentimientos, tenía miedos e inseguridades. ¿Estaba haciendo lo correcto? Estaba en Murcia ese fin de semana con mi madre, ya que me iba a ayudar a preparar un par de cosas que faltaban para la decoración. —No sé qué hacer, mamá —suspiré—, tengo miedo de cometer un error. —Haz lo que tu corazón sienta, Nohe. Era difícil, mi corazón decía que sí, pero mi cabeza decía que no. Daniel y Eider estaban jugando en el salón. Mi celular sonó, era un mensaje de Pablo. “Ya quiero que seas sólo mía” Un escalofrío se apoderó de mi cuerpo al ver ese mensaje. Recordaba a diario el día que me golpeó, no le había dicho a nadie eso, y sí, tenía miedo de ser su sumisa y que vuelva a pasar una y otra

