20. Necesidad y pérdida.
Lia.
Muevo el lápiz sobre mi tableta gráfica, concentrada en mi dibujo, pero también concentrada en los movimientos emocionados que Autumn hace mientras mira mi ropa en el destartalado closet que ahora es mío.
— ¿Cómo es que tienes ropa tan bonita, pero siempre te veo en leggins y blusas de algodón?
— Me gusta estar cómoda — le digo.
— Los shorts son cómodos, Lia, y ayudan con el calor infernal que hace en Texas.
Si soy sincera, me cohíbe un poco usarlos al estar rodeada de tantos hombres. No es que piense mal de ellos, ni tampoco que me crea una belleza irresistible, pero puede que llame la atención con algo pequeño puesto… y pasar desapercibida es mi pasatiempo favorito.
Me quedo callada, haciendo garabatos improvisados de ensayo, buscando la inspiración y la creatividad que he necesitado en los últimos días.
— Ponte estos para ir al festival.
Levanto la vista para ver el short de jean que Autumn me muestra; sencillo, de tela deshilachada, pero cortísimo.
Niego, volviendo a lo mío en mi tableta.
La escucho tararear mientras busca y busca en el closet, tan feliz y animada que parece sacada de una tarjeta de felicitaciones.
Desde el incidente con Loretta, Autumn se autoproclamó mi mejor amiga y viene seguido a pasar las tardes conmigo. Incluso si sólo se sienta a corregir textos en su laptop mientras yo trabajo en mis gráficos, ella parece cómoda con mi presencia.
Es… agradable.
Y está demasiado loca.
— ¡Mira! — Esta vez me enseña una jardinera corta de jean, que compré en mi escapada a Dallas con Becket. La prenda tiene estampados que me recordaron a las flores que florecen en el rancho.
Dudo.
— No quiero llamar la atención.
— Eres Lia Callahan, eres prácticamente la estrella del pueblo, incluso si vas de gris, llamarás la atención.
Me estremezco por sus palabras.
No quiero ir al festival. Imaginar la música, la gente, la bulla, me hace querer esconderme en mi propia piel. Pero existe la posibilidad de que Loretta vaya. Y desde que Becket es quien entrega la mermelada, no quiero darle a ella la posibilidad de volver a herirlo. Mucho menos frente a todo el pueblo.
El recuerdo de las palabras que esa mujer le soltó frente a sus propios trabajadores, hace que un fuego en mi interior arda con rabia. Sé que Beck cree que la gente en el rancho se fue en contra de ella por mí. Pero yo creo que lo hicieron por él. Me respetan porque lo protejo a él, lo que habla más del amor que todos le tienen a él, no a mí.
Cassidy ha estado pasando más y más tiempo en casa de Becket y conmigo. Su estado de ánimo es opaco, lo que veo tiene a Hank preocupado, incluso iracundo. Una ira que sé muy bien va dedicada a su mujer. Por lo que sé, Loretta ya se fue a vivir con su mamá en el pueblo, pero está causando problemas por Cass. No sé si Hank y Loretta ya se separaron oficialmente, pero según me dijo Rose, las veces que ella ha intentado llevarse a Cass, Hank la ha enfrentado y se lo ha impedido.
Me pregunto si sus problemas terminarán en los tribunales.
Me río, volviendo al presente cuando Autumn empieza a modelar un sujetador demasiado provocador que me compré por capricho para usar bajo mi ropa.
— ¡Tienes mucha ropa interior coqueta!
— ¡Oye! — Le lanzo una almohada cuando continúa curioseando en los cajones de mis bragas y sujetadores.
— ¡Lencería!
— ¡Autumn! — Dejo caer la tableta sobre el colchón y brinco de la cama hacia ella, cerrando el cajón para oponerme entre él y ella —. Suelta eso — le digo, quitándole de las manos unas bragas blancas de encaje.
Las meto en el cajón detrás de mí, moviéndome de un lado a otro como su espejo para evitar que ella vuelva a abrirlo.
Una carcajada se le escapa, me empuja hacia un lado y vuelve sus manos entrometidas a mi cajón. La jalo del brazo, empujándola hacia mí hasta que caigo a la cama, llevándomela conmigo al colchón. La atrapo con mis piernas, evitando que siga avanzando cuando se pone de pie para volver a mi cajón.
No noto que me estoy riendo hasta que caemos al piso, luchando por aire.
Miro al techo, mis manos sobre mi vientre mientras intento regular mi respiración.
— Entrometida.
— Zorra — me pincha, aun riendo —. ¿Siempre has usado esa ropa interior? Jesús, Lia, eso pondría caliente a cualquier hombre que te vea con semejante cosa tan sexy. ¿Acaso Lucas…?
Pongo mi mano sobre su boca, callándola.
— No voy a hablar de la vida s****l que tuve con Lucas.
— No te preocupes, ya me hago una idea de lo bien que lo entretenías.
— ¡Autumn! — Gimo, tapando mi rostro mientras siento que se enrojece con rubor.
Me levanto del suelo, recojo las prendas que se han caído y las guardo. Autumn se sienta con las piernas cruzadas en el piso, mirándome con esa expresión picara en su rostro.
— Dime la verdad, ¿a cuántos hombres has seducido con esas prendas?
— Autumn — repito su nombre, deseando que deje ya el tema.
Ella no lo deja pasar.
— Lia, sé sincera conmigo, llevas más de dos años soltera, ¿no te dan ganas?
¿Es así como se siente tener una amiga?
Quiero estrangularla.
No estoy acostumbrada a hablar de mi vida s****l con nadie, siempre he sido bastante reservada en ese aspecto. Y desde que ese tema sólo nos incumbía a Lucas y a mí, nunca me vi en la necesidad de hablarlo con alguien que no fuera él.
Sin embargo…
— ¿Estaría mal? — Pregunto, dejándome caer al lado suyo.
— ¿Qué te den ganas?
— No, yo… — gimo, frustrada —. Que, tal vez… no sé… ¿me sienta atraída por alguien más?
Jugueteo con los pulgares de mis pies, esperando su respuesta.
— Lia, mírame… — la suavidad en su voz me hace ver sus comprensivos ojos —. Lucas murió hace dos años, ¿por qué estaría mal?
— Porque… — me callo, sin soltar lo que quiero, por miedo a que ella me juzgue.
Ni siquiera me lo he aceptado a mí misma, ¿cómo podría aceptárselo a ella?
— Ya viviste su duelo, ya le guardaste su luto, no está mal seguir adelante.
Asiento, escuchándola, pero aún sin sentir sus palabras del todo correctas.
No cuando…
— ¿Y si ni siquiera es sexo?
— ¿Mmm?
— ¿Y si es algo más? — Siento que mis ojos se llenan de lágrimas, mi voz es ronca por las emociones cuando digo —: Es que… se siente como si estuviera traicionando su amor si…
— ¿Llegas a amar a alguien más?
Limpio la lágrima que baja por mi mejilla, enfocada de nuevo en los dedos de mis pies.
— A veces ni siquiera me entiendo a mí misma, es tan… confuso.
— Lia…
— No sé lo que siento, no cuando es tan diferente a lo que sentí por Lucas…
— Cada amor es diferente, Lia.
— Lo sé — sorbo mis lágrimas —, pero que todo sea tan distinto, hace que también todo se sienta más… confuso, difícil de descifrar, de entender.
De aceptar.
Cuando ella me atrae hacia sus brazos, abrazándome suavemente, cierro los ojos y permito que las lágrimas caigan en silencio.
— Tienes derecho a seguir adelante, Lia… — hace una pausa y agrega con aún más suavidad —: El corazón no elige, el corazón siente, y no somos culpables de ello, tampoco lo podemos controlar, porque entre más lo intentamos dominar, más se sale de nuestras manos. Siempre y cuando te haga feliz y te haga bien, no debería importar nada más… ¿me entiendes?
Asiento, pero guardo silencio, demasiado asustada para ponerlo en palabras… incluso en mi mente.
[…]
El parque principal del pueblo está hermosamente decorado con colores vivaces y alegres. Los puestos de comida y mercado están abastecidos de gente. La bulla, la música y las risas son estrepitosas, y quiero irme de allí tan pronto llego.
La mano de Autumn apretando la mía me hace mirarla.
— ¿Qué? — Pregunto, porque me perdí sus palabras.
— Tengo que ir al puesto de mi abuela para ayudarle con sus tortas de zanahoria, ¿vienes conmigo?
Miro a mi alrededor, buscándolo.
Pero hay tanta gente… tanta.
¿No se supone que esta es una localidad pequeña?
Debe haber también muchos turistas, porque es imposible que sólo sea gente del pueblo.
— Quiero ir con Beck — susurro más para mí que para ella, pero Autumn me escucha. Ella asiente, me jala de la mano y nos abre paso entre todo el tumulto de gente que se amontona en cada puesto para hacer sus compras.
Cuando finalmente lo veo —entregando mermeladas con su sombrero puesto, pero enseñando esa sonrisa educada y reservada que resalta su cicatriz—, siento que mi ansiedad disminuye un poco.
Él sigue entregando los tarros de mermelada, sin notarme. Así que, cuando finalmente me ve, puedo ver con claridad la sorpresa y alegría tierna que le causa mi presencia. Su sonrisa deja de ser reservada, convirtiéndose en una completa que arruga las esquinas de sus ojos, lo único —además de las poquitas canas en su cabello— que marcan su edad.
Paso las manos por mis caderas, nerviosa.
— Te dejo con Becket, iré con mi abuelita — se despide Autumn, dándome un pequeño empujoncito hacia él.
Mis pies parece que no pueden moverse, anclados al piso como hierro.
La timidez que últimamente siento con él, hasta el punto que a veces no sé cómo actuar, me deja con una única opción: evitarle. Lo que sospecho él también está haciendo conmigo. Pero hoy no quiero que nos evitemos, no con Loretta cerca.
Es tan extraño que cada noche duerma con este hombre, pero en el día no sepamos cómo dirigirnos la palabra.
Lo extraño.
Becket palmea el hombro de Beau, el trabajador que está entregando los tarros de mermelada con él, y luego se acerca a mí.
Hay proyectores de luces, enviando colores por todo el lugar. Y mientras Becket camina hacia mí, un caleidoscopio de luces se refleja en su rostro, iluminándolo de varios colores que me dan estas ansias de abrazarlo, enterrar el rostro en su pecho y escucharlo decirme que todo estará bien.
Y le creería.
Yo le creería.
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