La mañana en Le Gros Lux no era como siempre. Había gran movimiento pues era viernes. Aprovecho cada respiro que tengo para moverme hasta la oficina de Harper. Al abrir la puerta la pelirroja le hacía muecas a mi bebé y se reía con él. Si las chicas vieran como mi hijo la gana se quedarían asombradas. Harper es demasiado seria y distante. —Gracias Harper —le digo—. No sé que me haría sin ti. —No agradezcas, Angie. Este pequeño tiene mi corazón —suelta antes de entregármelo. — ¿No tienes familia? —pregunto curiosa. Ella luce mayor que yo. —Ningún hombre está dispuesto a lidiar con una mujer de carácter, Angie. Y debo confesar que yo soy una persona amargada y distante. No hay forma de encontrar a alguien que lidie conmigo. —Solo no te has dado la oportunidad Harper. Mira a tu alrede

