CAPÍTULO 3: TORMENTA EN EL HORIZONTE

1069 Palabras
Al amanecer del día 21, estando en Paros, Grecia, una lluvia persistente obligó a los pasajeros a mantenerse dentro del crucero. Aunque algunos intentaron disfrutar de las actividades a bordo, la mayoría se sintió frustrada por no poder terminar de explorar la isla como habían planeado. El cielo gris parecía haber empañado el entusiasmo acumulado durante los días anteriores. La tripulación, liderada por Elena, organizó diversas actividades para mantener a los pasajeros entretenidos: juegos de mesa, clases de cocina improvisadas, sesiones de yoga bajo techo. Pero el ánimo general seguía siendo de decepción. Al caer la noche, y en un intento por levantar los ánimos, se dio paso a la celebración del cumpleaños número 18 de Valentina Alessandra Rossi, una de las pasajeras más distinguidas. Elena y Nikos organizaron una cena especial con un pastel de chocolate y fresas considerablemente grande. La sala de eventos se decoró con globos dorados, serpentinas plateadas y música alegre que llenó el ambiente con una energía renovada. Valentina, sorprendida y emocionada, agradeció a todos por el gesto. Durante la celebración, compartió más con la familia García, con el señor Richard Thompson, y con los gemelos Alex y, en especial, Theo. Aunque al principio había mantenido reservas con varios pasajeros, las dinámicas vividas y la calidez de la celebración crearon un ambiente más relajado y amistoso. Sin embargo, la fiesta se vio interrumpida por una alerta urgente: la tormenta se intensificaba y se hacía cada vez más peligrosa. Aunque el curso estaba fijado hacia la isla de Antiparos, el Capitán Alexandros reunió a sus oficiales en el puente de mando para evaluar la situación. —Estamos en una posición complicada —dijo el Capitán, observando el radar—. La tormenta se está intensificando. Debemos encontrar refugio. Uno de los oficiales, revisando los mapas, sugirió continuar hacia el punto medio del curso. En ese momento, Theo entró al puente en busca del Capitán. Al escuchar la conversación, se acercó al radar. —Disculpen, pero según las condiciones actuales, la mejor opción es desviarse a la isla Stavros. Es una bahía protegida. Alexandros lo miró con atención y asintió. —Buena observación. Stavros podría ofrecernos el refugio que necesitamos. Oficiales, fijen nuevo rumbo: coordenadas 35.5319° N, 24.0180° E. Mantengamos el curso y estemos preparados para cualquier eventualidad. La tormenta se intensificó alrededor de las 2 a.m., creando un ambiente de tensión y caos. La tripulación trabajaba incansablemente para mantener el barco en curso, mientras los pasajeros, llenos de miedo, se refugiaban en sus camarotes. Algunos salían por ayuda médica o por pánico. Los gritos y el sonido de objetos cayendo resonaban por los pasillos. Elena corría de un lado a otro, asegurándose de que todos estuvieran a salvo. Nikos aseguraba la cocina, mientras Alex y Theo ayudaban a los pasajeros a mantenerse tranquilos. Finalmente, el barco llegó a la bahía protegida de Stavros. La luz de un faro cercano les guiaba hacia un lugar seguro. Alexandros respiró aliviado. Mientras supervisaba las maniobras de anclaje, no pudo evitar pensar en Isabella. 🌊 Flashback Hace veinte años, en esa misma isla, Alexandros había conocido a Isabella, una joven italiana de visita. Él era entonces un ayudante de tripulación en una línea de ferris. Una tormenta similar había dañado su embarcación, reteniéndolos en la isla por un mes. Durante esos días, Alexandros e Isabella se enamoraron perdidamente, compartiendo noches bajo las estrellas y días en playas desiertas. Pero al final del mes, recibió la orden de zarpar de inmediato. No tuvo tiempo de despedirse. Una semana después, regresó a Stavros, pero Isabella ya no estaba. Solo encontró una carta con su dirección y teléfono. Nunca volvió a verla. ⛵ Fin del flashback De vuelta en el presente, Alexandros se sacudió los recuerdos y se concentró en la situación actual. La tormenta aún azotaba con fuerza, y la tripulación trabajaba diligentemente para asegurar el barco. Elena coordinaba las acciones con calma, mientras Nikos y sus hijos distribuían mantas y bebidas calientes. Valentina, refugiada en su camarote, salió al pasillo y se encontró con Theo. —¿Estás bien? —preguntó él, notando su expresión asustada. —Sí, solo estoy un poco nerviosa —respondió Valentina, intentando mantener la compostura. —No te preocupes. Estamos a salvo ahora —dijo Theo, con voz firme y tranquilizadora. Valentina sintió alivio. Theo la acompañó de regreso a su camarote. Un relámpago iluminó el pasillo, y sin pensarlo, Theo la abrazó. Valentina, sintiendo la calidez de su gesto, lo miró a los ojos. Sus labios se encontraron en un beso inesperado, profundo. —No me abandones —susurró ella, sellando el inicio de algo más serio entre ellos. Con el barco anclado, la tensión comenzó a disiparse. Alexandros, desde el puente, observaba el horizonte con una mezcla de alivio y nostalgia. Sabía que este viaje sería memorable, no solo por los desafíos, sino por las conexiones que se estaban formando. Esa noche, Elena reorganizó una pequeña celebración para que Valentina pudiera soplar sus velas. Aunque la tormenta había interrumpido los planes originales, la tripulación se esforzó por hacerla sentir especial. En un momento íntimo, Theo llevó a Valentina a un rincón apartado. —Feliz cumpleaños —susurró, entregándole una flor con una bolsita de perlas: azules, blancas y una roja. —Una por cada isla que hemos recorrido —explicó—. Las recogí en cada inmersión. Valentina, conmovida, lo besó nuevamente. Por primera vez, sintió que este viaje le había traído algo más que aventuras. Con el barco seguro en Stavros y la tormenta animando el amanecer, la tripulación se preparó para continuar. Pero antes de zarpar, Alexandros ordenó una evaluación exhaustiva de los daños. La inspección reveló daños significativos en el casco y en los suministros. Muchos productos estaban inutilizables. —No podemos continuar hasta reparar y reabastecer —informó un oficial. Alexandros asintió. —Nos quedaremos en Stavros hasta que todo esté en orden. Además, atentos a alertas de tsunamis y mar de leva. Elena, Nikos, Alex y Theo informaron a los pasajeros. Aunque la noticia causó preocupación, la tripulación se aseguró de que todos estuvieran cómodos. Más tarde, cuando todo se calmó, Theo regresó al camarote de Valentina. Se dejaron llevar por la pasión, consolidando aún más su vínculo. Alexandros, mirando al horizonte, sabía que aún quedaban muchas aventuras por delante. Y que este viaje, marcado por tormentas y encuentros, sería uno que todos recordarían por siempre.
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