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532 Palabras
Pero en la vida nada puede ser tan fácil, y el fulano sería mi dolor de cabeza, aunque técnicamente me causo más que un dolor de cabeza. El fin de semana siguiente, tras dejar en la casa a Alondra y su niño, me dirigía hacia mi casa, como siempre en mi bicicleta, pero al pasar cerca de un callejón, un grupo de hombre se me acercó; sin un solo aviso, comienzan a intimidarme, me empujan y se burlan, quieren quitarme la bicicleta y no se los permito, pero uno de ellos es el que enfurece y suelta el primer golpe, y a él se unen los otros Intento defenderme, pero en definitiva son más, y lo último que recuerdo es sentir los golpes y a una mujer gritar. Parece que alguien me ayudo, y termine de alguna manera en el hospital, en un hospital público donde al no ser mexicano intervinieron algunas partes del gobierno; me ofrecieron residencia y una clase de apoyo para no levantar quejas y evitar los problemas con USA. Tome lo que me ofrecieron y llame a Alondra, quien me dijo que el fulano había ido a su casa con un supuesto mensaje en el que le dijo que yo había partido del país, y que nunca me volvería a ver, estaba muy preocupada pues suponía que me habían dado un levantón, y no estuvo muy lejos de ser así. Debía hacer algo al respecto y le pedí a mi novia tener paciencia, estaría ausente un tiempo, pero seguíamos llamándonos y mandándonos mensajes. Esperaba solo el momento, mientras observaba en secreto como el tipo no insistió cuando ella le puso un ultimátum. El problema no era la paternidad que nunca ha existido de parte de él, lo era por el hecho de que no deseaba que ella estuviera con alguien más, pero Alondra me dijo que el fulano tenía esposa e hijos y lo amenazo con decirle a la esposa sobre sus acciones, eso fue lo que lo detuvo, pero sabía que no podría dejarlo así, algo dentro de mi exigía justicia por mano propia; ahora entiendo por qué los mexicanos siempre dicen: ojo por ojo y diente por diente. Existen ocasiones en la que la justicia falla y no se quedan así, encuentran la manera de satisfacer a su corazón con lo que creen justo, y es lo que hice. Esperé en la madrugada mientras el fulano se divertía con sus amigos, no estaba demasiado ebrio, y sé que su valor venía de a****r a los demás en montón, pero hoy va solo al fin. — Buenas noches — Dije mientras aparecía frente a él, quien tenía demasiada confianza al haberme atacado junto a sus amigos; dentro de su retorcida cabeza debía creer que es mejor que yo, veamos si es verdad. — Vaya, vaya, el güerito tiene mucho valor para no haber regresado corriendo a su país — Pero no le doy oportunidad de nada, solo me abalanzo sobre él, tomando en cuenta lo que me había dicho Alondra hace cinco minutos, cuando le avisé sobre lo que estaba a punto de pasar. — Lo que pasa con este tipo es que, él siempre ... —
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