Narrador. — James. — Despegue la vista del libro que tengo entre mis manos, fijandola en la viva imagen de aquel que nunca podré tener. Me coloque de pie, yendo hasta él, me senté a su lado y toque su rostro con delicadeza, permitiendo que se estremezca un poco y que se acurruque. Es muy impresionante como puedes ser tan débil de mente, tanto que con facilidad te acostumbras a ser solo la herramienta de alguien, no solo eso, te satisface serlo. Tocaron la puerta, retiré mi mano y me coloque de pie. Al estar frente a ella la abrí, dejando ver a uno de los guardias. — Señor, han venido a verle. — Informó. Hice una mueca, odio tener visitas inesperadas, ¿A caso no pueden solo avisar que vendrán y listo? — ¿Quién es? — Murmuré con fastidio saliendo de la habitación. Cerré la puerta, una

