Ahora iniciaba la nueva temporada y la pregunta era ¿Qué necesitamos ahora hacer para seguir destacando? Mientras resolvimos esa interrogante trabajábamos en los encargados que teníamos. Todo seguía bien , seguíamos recibiendo encargos y tratos nuevos.
Pero seguíamos sin encontrar ese plus que buscamos, era difícil en un país sin creatividad, sin poder importar maquinaria o materiales para elaborar algo extraordinario fuera de lo que ya teníamos.
Los meses pasaron y fuimos levantando poco a poco la confianza y los encargos teniendo un fondo ya sustentable de dinero que en nuestro país se consideraba alto. En un día de lluvias tomando y compartiendo fue cuando nos llegó la idea de invertir en una tienda en una zona turística del país, aquí fue donde pasamos los próximos meses, y descubrimos lo absurdamente cerrado y burocrático que era el país donde vivíamos. Todo era un papel, o una licencia o un título innecesario que no podrías llegar a tener si no tenías lo que se conoce como palanca o sobornando al partido de la cuidad. Al paso de los meses y de recorrer todos las oficinas de la cuidad, comunales, planificación física, vivienda llegamos a estar más cerca hasta que conocimos los precios del terreno y los precios de soborno que se deberían de dar como tributo. Al conocer esto renunciamos en esa época a la idea de la tienda física profesional en la zona turística