—Buenos días, señora Greymont. —Georgina abrió los ojos y vio que Jeremy estaba inclinado sobre ella y sonreía de oreja a oreja con cierto aire burlón. —¿Qué estás haciendo? —Observándote mientras te despiertas —replicó—. Es una visión encantadora. —¿Por qué? —Cedió al impulso de desperezarse y se dio cuenta de la falta de ropa y de la novedad que suponía despertar en la cama con un hombre, desnuda. Y además con un hombre muy masculino y cariñoso. —Bueno, imagina mi sorpresa cuando esta mañana me topé con una hermosísima mujer desnuda en mi cama. « ¿De dónde habrá salido?» , me pregunté. « ¿Qué debo hacer con ella?» . Encantada por tan alegre despertar, decidió seguirle la corriente. —Quizá me haya perdido. Creo que lo mejor será que me enseñe el camino de vuelta, señor, mis recuerd

