CAPÍTULO 5: ¿MI ÁNGEL O DEMONIO?

1933 Palabras
Mi cuerpo totalmente apesadumbrado tirado en medio de la pista. Siento perder las esperanzas que alguien pueda ayudarme, mi vista empieza a nublarse y mis ojos a cerrarse. Siento que alguien me carga entre sus brazos, con esa fuerza en la que me toma, siento su fuerza masculina, tomándome de la cintura, me lleva hacia su suave y cálida espalda. ¿Es un ángel caído del cielo que vino a salvarme de esos malhechores? Porque sólo en sus brazos me hace sentir segura. De repente un velo n***o envuelve a mis ojos. Siento como mi cuerpo pierde su energía. Un miedo apoderó mi cuerpo entero, una extraña sensación recorre en mi ser, me encuentro en una habitación extraña, con demasiadas fotos de bandas de Rock por todas partes. No recuerdo como llegué a parar aquí. —¡Maldita sea No recuerdo absolutamente nada! De pronto el sonido de la perilla llama mi atención. Un silencio absoluto ocupa la habitación. Tomo la perilla y abro lentamente la puerta, con los pies desnudos, doy pasos cortos y silenciosos dirigiéndome hacia la puerta para escapar de este lugar. El sonido de mi teléfono interrumpe mis pasos. Debo encontrarlo y llamar a mi madre. El sonido venía desde afuera, cuando estaba por acercarme, escucho pasos bruscos. Pronto trato de retroceder para poder esconderme sin que me vea, un silencio ocupó toda la casa y mi corazón se aceleraba, ya no escuchaba el sonar de mi teléfono, ha de ser mi madre debe estar locamente preocupada, por no llegar a casa. Y yo en esta casa desconocida sin recordar nada. Pero lentamente regresan mis recuerdos. Completamente distraída, con su gran fuerza me carga, no puedo verle bien el rostro, la oscuridad del pasadizo me impide verle. Intento zafarme de sus brazos para escapar, y grito desesperadamente. Mientras que él me aprieta la cintura. Esa voz...esa voz la reconocía. —¡Cálmate no te haré daño! — alzando su voz, esa voz tan seductora y a la misma vez tan odiosa. Me quedé atónita por un momento.  —¿Tú? ¿Qué hago aquí? —mirándole directamente a los ojos, y golpeándole el pecho. Él intenta detenerme, me sujeta de las muñecas y me deja caer sobre un sillón. La ira se apodera de mí, le lanzó una mirada asesina, una mirada que lo dice todo cuando estoy completamente airosa. Suelta unas palabras... —¡Tan solo puedes calmarte, déjame explicarte! —me dijo con una suave voz. —¿Me intentas calmar? Recuerdo que estaba corriendo desesperadamente para escapar de dos tipos con tremendo aspecto de delincuentes. Luego tropecé y me lastimé al parecer hasta me desmayé—me mira el brazo con tremendo raspón. —Luego ¡Ya no recuerdo nada! —gritándole. —No sólo el brazo, la rodilla de tu pierna izquierda también estaba sangrando. —¡Responde que hago aquí! ¿Esto es un secuestro? —Pero que señorita tan inocente, si fuera un secuestro ¿acaso te dejaría suelta para que intentes escapar? —dedicándome un guiño. —¡Qué respondas imbécil! —Tranquila señorita enojona. Odiaba que él me apodara así, sé que en realidad no es un apodo fastidioso pero él no tenía derecho a llamarme así, nunca le di la confianza. Al contrario lo detestaba, pero no entiendo porque tengo estas sensaciones tan extrañas. —Pero que inocencia posees, sólo una chica como tú se arriesga a caminar por pasajes silenciosos y peligrosos. Me pregunto ¿Qué hacía una chica de dinero por esas calles? —sonriéndose. —¿Me está tratando de decir loca? —me dije entre mí. —Por suerte la vi enojona, ahí tirada como un ave indefensa, la cargué y la traje hacia aquí, limpié sus heridas y ahora solo faltan vendarlas. Fui a la farmacia por ellas y cuando vine, me di con la impresión de que ya habías despertado. —¿Por qué apagaste mi teléfono? —interrogándolo. —En realidad no fue así por no preocupar más, es mejor que no hubiesen escuchado mi voz, tu madre enloquecería, así que envié un mensaje de texto a tu madre, diciéndole que estabas de regreso y por culpa del tráfico, la demora de la clase y lo que tenías que acordar sobre tu exposición tardaste. No apagué el teléfono, eso harían crear sospechas. —¿Qué fue de esos hombres? —le dije curiosa. —¿Hombres? Entonces fue así como lo supuse. Al verme se fueron tal vez, no había nadie, déjame vendarte las heridas primero, no son graves—vendando mi brazo y pierna. —No es necesario que las vendes, con un par de curitas estarán bien—mientras me miraba. Él asintió sonriendo. —Tienes razón solo quería que estén bien. —¿Sólo quería que estén bien? ¿Acaso le importaba? Espera... Todo esto es muy raro, parece que fuese todo un ángel, Pero ¿Cómo apareció tan de repente? —¿Supuse? ¿Qué rayos dices? —mientras él termina de vendarlas. —Supuse que querían hacerte daño. Una chica como tú no debe andar por esos lugares siniestros. —¿Siniestros? ¡Que exagerado! —riéndome. Me sonríe y dice: —No debes andar sola sé cuidadosa. ¿No te aconsejaron así? —En realidad muchas veces—me dije entre mí recordando a mi madre. —Es hora de irte a casa. —Sí—afirmé. Cuando mi teléfono empieza sonar. Llamada entrante de Joice. Al ver la bandeja de notificaciones, vi tantas llamadas perdidas de Joice como la de mi madre. —¿Por qué no contestabas? ¿Dónde diablos andas? —Estaba leyendo y cuando suelo leer no quiero distracciones—le dije media nerviosa. (sabía que no era buena mintiendo) — —Entiendo deseaba que me ayudaras a escoger un vestido para mi reunión familiar, o bueno es decir que me prestaras uno. —Está bien—dije muy despacio. —Voy en 20 minutos—despidiéndose de mí. —¿En 20 minutos?  Dudo llegar antes o exacto, no quería que Joice supiera que estuve un tiempo con André, sabe que lo detesto y es más a ella parece gustarle. Cuando él me interrumpe de mis pensamientos. —Sube y ponte el casco por favor—encendiendo la moto. Veo a mi alrededor y parece un nuevo lugar por descubrir. Un ambiente distinto en el que yo vivía. Pero algo había quedado en mí. Una intriga que aún no encontraba respuesta. Cuando volteo a verle algo llama mi atención, su brazo derecho tenía una herida, parecía reciente. Debo estar alucinando, en fin subo a la moto, me acomodo y partimos de inmediato. Siento olvidarme de todo, el aire recorre mi cuerpo mientras cierro mis ojos y apreto su cintura. Siento como la intriga me carcome por dentro, cuando tan de repente llegamos. Me bajé de la moto aun con un aire desconcertado, deseaba preguntarle pero no quería hablarle. —Bien hemos llegado, ahora debo irme—mientras solo lo miraba. No me atreví a decirle algo. Solo veía que se alejaba a velocidad. Quedando completamente intrigada. Dirigiéndome para poder entrar, empiezo a pensar. —¿Qué le diría a mi madre después de todo esto? Me calmo como si nada hubiera ocurrido y camino en dirección hacia la puerta. Ni bien entré los gritos de mi madre abundaban en toda la casa. No quería discutir, pero ella estaba en todo el derecho de preguntar. Y los gritos me lo merecía. Llegar tarde no era común en mí y mentirle para mí era lo peor. Pero lo hecho estaba. Trataba de apañar mi tardanza, seguía mintiendo. Me siento realmente mal. Ella me conoce tan bien y creo que sabe identificar muy bien las mentiras de Cailin Harrison. —¿Pero si le digo la verdad? ¿Me creerá? Desde el momento que lo conocí algo en mí cambió, mis actitudes ya no eran las mismas. Pero no echaré culpa a nadie ni a él de mis decisiones, son solo mías y de nadie más. Subí a mi habitación dejando, hablando sola a mi madre, me dolió tanto pero fue como si no estuviera consciente de mis propios actos y solo me dejara llevar. —Esto no se quedará así jovencita—resaltando sus palabras, se iba a retirar de mi habitación. Unas cuantas lágrimas recorrían mi rostro, en ese instante necesitaba de alguien y ese alguien era mi padre. Mi teléfono se iluminó de la llegada de una notificación. Era Joice no deseaba que me vieran así, nunca me agradó que me vieran así los únicos, fueron mis padres. Voy en busca del vestido más hermoso que tenga y se lo doy a Mason para que se lo entregara, con un recado de mi parte. Llené la tina, dispuesta a tomar un relajo con la música alta puesta los audífonos. Cerrando los ojos empiezo a recordar ese momento en el que me tomó y me llevó hacia su cálida espalda, y cuando le miraba directamente a los ojos, sentía que sus grises ojos penetrantes me trasladaban a un mundo de pura fantasía y me envolvía en ellos. Me quito los audífonos no sé en que estoy pensando. —¿Por qué me está ocurriendo esto? Me siento tonta y cansada pero antes de dormir voy en busca de un libro juvenil. Pero al parecer hasta los libros me quieren confundir. Decido cerrar mis ojos y olvidarme de todo lo ocurrido hoy para mí, sentía que era mejor. Un nuevo día, una nueva experiencia. Estaba por tomar el bus. Desde ahora cambiaría mi rutina diaria, tomaría el bus todos los días, me encanta que los trayectos sean largos, solo debería levantarme más temprano. Sentada a lado mío un sujeto de mal aspecto veía mi cuerpo. Odio tener que pasar por estas situaciones es realmente incómodo. —Idiota—decía entre mí. Llegué a la facultad, puesta los audífonos caminaba y la música en alto. De pronto siento que alguien me empuja. —Lamento asustarte—mientras se reía Joice. —Me tiraste un susto ¿Vamos? —quitándome los audífonos. —Claro—afirmando con una sonrisa en sus labios. Quién imaginaría que después de hoy mis días cambiarían en absoluto. Me dirigía hacia mi casillero para guardar libros, algo extraño había pegado en la puerta de mi casillero. Una equis grande hecha de pintura roja, debajo mi nombre. No entendía el significado ni el porqué de aquello. Empiezo a tratar de sacarlo y todos los que pasaban empiezan a burlarse de mí. —¿Qué ocurre? — pregunta Joice. Su casillero quedaba junto al mío. —No entiendo nada ¿Qué está pasando? —¿Qué es eso que tienes entre tus manos? —Estaba pegado en la puerta de mi casillero—mientras le mostraba. —Es algo muy extraño debe significar algo. —Eso es lo que quisiera saber—le dije con una mirada directa hacia ella. Volví hacia mi casillero para cerrarlo y al pasar, una chica de silueta marcada y unos ojos grandes y marrones soltó unas palabras: —Suerte con lo que se te espera—guiñándome el ojo derecho. Solo la observé, íbamos caminando hacia clases mi mente estaba en otro lado. Entramos las dos Joice fue a su asiento, mientras me miraban todos y para resaltar André estaba entre ellos mirándome. Cuando ya estaba por tomar asiento una hoja sobre mi carpeta me distrae, la tomo y la rompo en pedazos con unas lágrimas que querían escapar. Esas duras y horribles palabras eran para mí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR