Juana permaneció despierta largas horas, pensando una manera de dejar en evidencia a su esposo. Se escuchó la puerta, unos pasos que se dirigía hacia su habitación, era él. Se había excedido de copas nuevamente y tenía intenciones de ingresar a su habitación. Pero Juana no le permitió, ese hecho sin duda le dió una excelente idea. Y eso lo pondría en marcha cuánto antes. Al día siguiente el príncipe desayunó junto a su padre, quién se encontraba en compañía de sus mujeres y la princesa Anabel. Ese era un día muy atareado por el evento que tendrían al día siguiente. Las mujeres terminaron su desayuno y marcharon para la ciudad. El príncipe quedó a solas con su padre. Tenía muchas ganas de poder contarle con libertad lo que estaba aconteciendo, pero no podía; el rey estaba rodeado de “sa

