Leonardo sintió un fuego que parecía emerger de su interior, lo empezó a cubrir por completo. Mientras que sus manos se apoyaban tímidamente en su suave y cálida piel; la sensación de querer dejarse llevar por sus deseos, cada vez eran más fuertes. Acariciaba su piel de manera tan suave que ésta se erizaba al contacto con sus manos, los ojos verde esmeralda de ella lo observaban algo... confundida, pero a la vez con un deseo incesante, delatador y apasionado. Su cuerpo comenzó a percibir esas caricias que encendieron unas llamas por dentro, que parecían quemarla. Sin entender la reacción de su cuerpo, el príncipe, lentamente, temeroso; confundido pero decidido, se acerca a sus carnosos labios rojos para unirlos fuertemente con los suyos. Vencidos por el deseo, el príncipe Leonardo y Ana s

