Sombras del Pasado La oscuridad se cernía sobre la casa segura mientras Emma se acurrucaba en una esquina del salón, sus pensamientos dominados por la preocupación por Alexander. Las horas pasaban con una lentitud desesperante, y cada sonido en la distancia hacía que su corazón latiera con fuerza. Dmitri se movía con nerviosismo por la habitación, revisando su arma y mirando constantemente por la ventana, como si esperara que algo o alguien irrumpiera en cualquier momento. Finalmente, incapaz de soportar más el silencio, Emma se levantó y se dirigió a Dmitri. —Necesito saber qué está pasando, Dmitri —dijo con firmeza—. No puedo quedarme aquí sin hacer nada mientras Alexander está ahí afuera, enfrentando quién sabe qué. Dmitri se detuvo y la miró con una mezcla de empatía y frustración.

