La Huida en la Oscuridad La carretera se extendía frente a ellos, una cinta oscura e interminable que parecía arrastrarlos hacia un destino incierto. Emma mantenía sus ojos fijos en el horizonte, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. No había vuelto a hablar desde que dejaron la mansión, y el silencio entre ambos era denso, cargado de emociones que ninguno de los dos se atrevía a expresar. Alexander conducía con determinación, su mandíbula apretada y los ojos fijos en la carretera, como si cada kilómetro que dejaban atrás fuera una pequeña victoria en su batalla personal contra Dimitri y su propia culpa. Emma lo observó de reojo, queriendo romper el silencio, pero sin saber cómo. Sabía que Alexander estaba al borde, luchando contra sus propios demonios. Finalmente, la tensión se

