Capítulo 4

1606 Palabras
                                                                                        Capítulo 4 Había olvidado por unos días lo que se sentía estar metida en un hospital, ese olor tan particular y esa vibra tan extraña que te quitaba por completo todo rastro de paz y felicidad, odiaba ese lugar, lo odiaba mucho y soñaba diariamente con el día en el que no tenga que pisarlo nunca más, o por lo menos no con una enfermedad como la mía. Ya en ese punto de mi vida y después de tanto no sentía nada cuando la enfermera pinchaba mi brazo para sacarme sangre, no llevaba la cuenta, pero seguramente habían sido miles de veces las que una aguja se ha introducido en mi piel; recordé en ese momento, hace un año cuando me diagnosticaron la leucemia, fueron tantos exámenes y procedimientos que el lugar en donde me pinchaban para sacar mi sangre se había vuelto de un color morado con verde y dolía muchísimo. -Bueno no hay nada nuevo – decía mi madre, mientras revisaba el informe del médico-. Tienes las plaquetas bajas, pero eso es algo normal en ti, por ahora solo debes seguir cumpliendo el tratamiento al pie de la letra, trata de dejar de armar peleas en la escuela y en unas semanas venir a consulta con el doctor. No respondí nada, solo me mantuve en silencio deseando que saliéramos rápidamente de ese lugar para poder ir a dormir en paz, me sentía verdaderamente fatigada, necesitaba una dosis de recarga de energía y eso solo me lo iba a poder dar una buena siesta reparadora. Al siguiente día en clases las cosas mejoraron un poco, Portia había sido suspendida por tres días, mientras que Jessica parecía haberse olvidado de nuestra existencia y al pasar al lado de nosotras ni siquiera nos miraba, tal vez mi sangre la había asustado como asusto a Portia, pues Ángela me había contado que ese día de la pelea cuando la chica Anderson vio la cantidad escandalosa de sangre que salía de mi nariz empapando toda mi cara y ropa, se quedó paralizaba con terror en su rostro, las demás chicas del equipo habían huido con miedo, mientras que ella solo se quedó ahí de pie sin quitar la mirada de mí. -Es que le hubieses visto la cara, era todo un poema – decía Ángela con gracia mientras caminábamos por el pasillo. -¡Hey Harris! – me grito alguien a mi espalda. Para mi mala suerte, en ese momento se agrego a mi lista un nuevo problema: Jake Wilde. -¿Quién te mando?, seguramente tu novia Portia – le dijo con rabia Ángela. -Solo quería verle la cara a Harris, quería cerciorarme yo mismo de que mi novia en verdad le rompió la cara y vaya que si te dejo hermosamente echa mierda. El idiota chico venía acompañado por una manada más de animales, quienes soltaron carcajadas al escuchar. -Vaya Jake, parecer ser que Portia te quemo el cerebro. -Me hubiese gustado que murieras, así sería bastante excitante ir a visitar a mi novia a la cárcel – me dijo casi en un susurró, muy cerca de mi rostro. Yo lo mire con tanta rabia en mi interior, apretando mi mandíbula y mis manos, de verdad que había que ser demasiado miserable para desearle la muerte a una persona solo por ser diferente a ti.  -¡Wilde! – escuche un grito y sabía muy bien quien era. La expresión en el rostro de Jake cambio automáticamente al ver a mi hermano, aquello me causo mucha risa, parecía que le tenía miedo y es que, ¿Quién no?, mi hermano Mikkel era bastante alto y musculoso, practicaba boxeo y lucha libre, hace unas semanas había luchado en el gimnasio del colegio y ganado, ahí en ese momento se hizo popular por su forma de pelear y su fuerza. -¿Qué hay Harris? – le saludo Jake con nervios. -Aquí, queriendo creer que no estas molestando a mi hermana – le respondió acercándose a él. Jake trago grueso y se compuso. -Para nada, solo quería ver si era verdad que Portia le había pegado y pedirle disculpas en nombre de ella– mintió. Queria gritarle en frente de todos en ese momento y decirle a mi hermano lo que en verdad me había dicho, pero conocía muy bien a Mikkel, era sobre protector y comentarle eso sería detonar una bomba que terminaría en una pelea, no quería ver a mi hermano metido en problemas, menos en su último año en el cual sabía perfectamente que se estaba esforzando por tener un historial íntegro y así obtener una beca de estudios. -Ya lo hiciste, ahora vete- le ordeno con una sonrisa. El chico sin más nada que decir salió rápidamente del lugar, dejándome a solas con Mikkel y Ángela. Las siguientes horas de clase fueron lo bastante aburridas, quería salir rápido para poder ir a tocar mi guitarra, y pensar en mi vida como siempre lo hacía. Por un momento se me vino a la mente la imagen de Portia preocupada por mí, vaya, sí que me quería engañar a mí misma con ese pensamiento absurdo, sabía perfectamente que la rubia no se había preocupado por mí, sino por lo que le iba a pasar si de verdad yo hubiese muerto en ese momento a causa del fuerte golpe, bueno, no costaba nada soñar con el momento en el que Portia Anderson se preocupe por una simple mortal como Seren Harris, quien secretamente pensaba en ella con bastante regularidad. Habían pasado ya tres días desde el incidente con las porristas, no entendía porque, pero me sentía un poco ansiosa por volver a ver a Portia después de todo, era tan absurdo aquello después de que esa chica me había noqueado de un solo golpe y me había descompensado toda.   Antes de entrar a la primera clase de la mañana, la secretaria del director se acercó a mi amiga Ángela y a mí, para notificarnos que el hombre nos estaba esperando, automáticamente supe que era para establecer el castigo por la pelea pasada. Cuando entramos a la oficina, lo primero que mis ojos notaron fue la presencia de la chica Anderson, quien automáticamente puso sus ojos en mí, pero luego bajo la mirada, con una expresión que me costó creer era de pena. -Muy bien, ahora que están todas aquí, vamos a coordinar cual será el castigo que voy a establecerles por su conducta tan inapropiada.  Comenzó hablar el hombre de pie frente a nosotras. -Voy a tomar la tarea de separarlas por pareja, así como ustedes mismas lo hicieron en esa pelea tan vergonzosa que protagonizaron – dijo mirándonos a las cuatro con desaprobación-, me siento sumamente decepcionado de ustedes, sobre todo de usted señorita Harris, la cual de todas tiene el expediente más pulcro e integró, es una alumna excepcional como para que esta metida en este tipo de situaciones. -Lo que pasa señor director, es tu usted no se ocupa de verificar lo que pasa en sus pasillos – intervino con frustración Ángela-, no se da cuenta que muchos de nosotros tenemos que aguantarnos día a día los maltratos y humillaciones de gente como estas dos – dijo mirando a Jessica y Portia, quienes ya tenían expresiones de molestia en su rostro. -¡Señorita Ford! – exclamo el hombre con molestia-. Hay caminos regulares para cuando pase algún incidente en la escuela, si usted es humillada o molestada por un alumno, automáticamente tiene que venir frente a mí y yo soy el que tiene el deber de tomar cartas en el asunto, no ustedes, miren lo que paso – señalo hacia mi cara. Las tres chicas me miraron de golpe, tenía la nariz un poco hinchada y morada, en realidad no tanto, pero se notaba que algo me había pasado en ella; Portia automáticamente bajo su mirada posándola en sus manos, las cuales reposaban en sus piernas. -¡Es algo inaceptable! – exclamó, dando un fuerte golpe en el escritorio con la palma de su mano-. Eso pudo terminar peor, y ustedes parecer ser que no tienen conciencia de ello. Hizo una pausa caminando de un lado a otro con lentitud y sus manos detrás de su espalda. -Ahora, el castigo que se les va a imponer, será un servicio a la escuela, van a limpiar el gimnasio y el teatro, por una semana. Jessica y Ángela abuchearon con fastidio, el director las miro con mala cara sobre sus lentes. -La señorita Ford y la señorita Evans, serán designadas al teatro, mientras que las señoritas Anderson y Harris al gimnasio. Por un momento pensé que tal vez por las diferencias que existían entre nosotras, nos iban a distribuir entre amigas, pero parece ser que el cometido del director era que pasáramos tiempo con nuestras rivales para así aprender a convivir en paz. -Señor director, ¿no sería mejor que nos coloque separadas? – sugirió Jessica. -No, señorita Evans – negó el hombre-, se quedarán como las ordene, empezarán hoy a las 3 de la tarde, y les diré una cosa si se pelean nuevamente voy a expulsarlas definitivo de la escuela, ¿Quedo claro? Nadie respondió al respecto, pero era obvio que ninguna tenía la intención de llegar a eso. -¡Ah! Una cosa más – dijo el hombre haciendo que nos detuviéramos al salir-. Si llegan tarde, les voy aumentar los días del castigo; ahora por favor vayan a sus clases. Bueno, ahora tenía que pasar más tiempo en este lugar. ¡Qué genial!, Y sobre todo junto a Portia Anderson, la chica que junto al cáncer quería acabar con mi vida.            
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