+CLARA+ El trayecto de vuelta en el auto de Alistair fue un borrón de luces de neón y sombras que se alargaban por las calles. Llegué al apartamento escoltada por el silencio de un chofer que ni siquiera me miró por el retrovisor, como si yo fuera un paquete frágil pero peligroso. Subí las escaleras mecánicamente, con los pies gritando de dolor por los tacones y el alma hecha jirones. Crucé el umbral del apartamento, si es que a este cuarto húmedo se le podía llamar así, y cerré la puerta tras de mí, echando todos los cerrojos. Me apoyé contra la madera, escuchando el silencio denso que solo se interrumpía por el zumbido de la nevera. Estaba sana y salva, físicamente entera, pero mi pecho era un nido de avispas. Mi corazón golpeaba las costillas con una violencia rítmica, una pregunta co

