En las elegantes calles parisinas, Adrien y Serena caminaban tomados de la mano, Serena no podía evitar que su corazón tratara de salirse ante la emoción de que pudieran mostrarse ante todos como una verdadera pareja, durante el tiempo que pasaron ahí, exploraron encantadores cafeterías donde degustaron exquisitos croissants frescos en una pequeña brasserie. Observaron también a artistas callejeros dando vida a sus lienzos y se encantaron con la hermosa vista panorámica de la ciudad. Adrien llevó a Serena a la suite del hotel donde se estaban hospedando, subieron por el ascensor y cuando este cerró sus puertas, Serena tomó la mano de Adrien, se elevó de puntillas y depositó un beso en sus labios. Cada que lo hacía sentía la calidez de él apoderarse de su cuerpo, como si fuese una especie

