—Natalia Rodríguez —respondió molesta. Lison entrecerró los ojos con desconfianza, pero le bastó un par de segundos para volver a su expresión estoica. —No sé quién seas, solo te advierto, no te metas en mis asuntos —amenazó, con el rostro tan serio que a la mujer se le heló la sangre. Natalia quería gritar, hacer un verdadero escándalo, sin embargo, era como si su cuerpo se quedara petrificado. Por su parte, Tiodor siguió su camino, y cualquiera que lo conociera, aunque sea un poco, se daría cuenta de su aura asesina. Rodríguez pudo recuperarse, fue hasta el pequeño cubículo al que llamaba oficina y guardó todas sus cosas en una caja de cartón, ya no quería estar ahí, conociendo a Libia lo primero que haría luego de volver de dónde su psicóloga era irse lo más lejos posible. Tres dí

