─¿Me vas a invitar a entrar? Está haciendo frío por la llegada del invierno ─comenta como si ella no me hubiera roto el corazón. ─Por mí te puedes congelar afuera ─suelto, haciendo ademán para cerrar la puerta, pero ella entra impidiéndolo. Sostengo con fuerza la puerta, para cerrarla y arrastrar mis ojos hacia donde ella está caminando. Lanza lo que parece ser su abrigo junto a su cartera en uno de los sillones para mirar a su alrededor, como si estuviera buscando algo en concreto. ─Pensé que tendrías fotos de tu prometida ¿No se encuentra aquí… cierto? ─Cuestiona, recordándome la farsa. Abro los ojos, dándome cuenta que mi departamento es muy de hombre soltero. ─No somos así, decoraremos nuestra casa como queramos, mientras, preferimos tener nuestros espacios… ella se está quedan

