CAPÍTULO 56 | Dolor |

1695 Palabras

Él esboza una sonrisa erótica. ─Tengo derecho a estar en tus revisiones, solo que como no me respondes a las llamadas, decidí tomar iniciativa y hablar antes con la Doctora ─menciona sereno, podría jurar que he visto sus cuernos salir. Abro los ojos, colocando mis labios en una línea recta hacia la Doctora, dándole a entender mi molestia. ─Oh, querida, siéntate… te veo un poco ofuscada, tomaré tu presión ─comenta ella, levantándose. Tomo asiento sin querer mirarle al Dios del Olimpo de mi costado, quien desliza la silla para mí. La Doctora comienza el procedimiento, mientras mi pecho sube y baja con desnivelación. No es nada de salud, son los malditos nervios que me provoca Satán. Había imaginado nuestro encuentro mil y unas veces, y esta nunca se me pasó por la mente, por lo tanto

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