El primer problema de Arelis

2478 Palabras
El príncipe se paseaba por el balcón impaciente, hacía más de dos días que los guardianes habían salido junto con los soldados a neutralizar los rebeldes y desde entonces no había tenido noticia alguna de la guardiana. Se llevó nuevamente la uña del pulgar a la boca y la mordió en un acto de desespero, le parecía frustrante no poder salir del palacio y más frustrante aún el hecho de que su padre no le diera noticias de los guardianes, solo le decía cosa de cómo iba la guerra cosa que a Erick no le importaba. Alzó su mirada hacia las torres de los vigías, no podía ver nada más allá de la pared y el espeso cielo azul que se iba oscureciendo con el paso de las horas dando fin así a un tercer día. Se sentó en su silla y siguió observando la puerta oeste con la esperanza de que en cualquier momento Arelis entrara por ahí.   El rey subió a la habitación del príncipe, al parecer había algo que le preocupaba. En los últimos días no había comido solo estrictamente los desayunos y lo había hecho en su habitación, se pasaba las horas mirando por el balcón mordiéndose las uñas y dando vueltas de un lado a otro, se preguntó a quién esperaba su hijo, no conocía a ningún amigo de Erick, ni alguien que le preocupara tanto. -Erick hijo, tienes que comer es hora de cenar -No tengo hambre papá- volvió a responder como las veces anteriores -¿Que te preocupa hijo, hay algo que pueda hacer por ti? Erick lo miro y se atrevió a preguntar una vez más por los guerreros  que habían salido a la batalla - Padre, ¿qué ha pasado con ellos?, no han vuelto- el rey lo miró entre aliviado y feliz, en las ocasiones anteriores no entendía la insistencia de su hijo por saber que había sido de todos los que estaban en la guerra, ahora acababa de comprender que a su hijo le importaba lo que sucediera con su reino y su gente. -Serás un gran rey Erick- el príncipe no entendió a qué venía eso, no tenía nada que ver con lo que había preguntado- es bueno preocuparse por tu gente, pero ellos están haciendo su trabajo y hasta ahora vamos ganado, hemos perdido a gran parte de los guerreros pero han neutralizado la mayoría de los rebeldes y los paganos- el rey notó que aquella respuesta no le había sentado bien al joven, así que se apresuró a agregar- Erick el sacrificio de algunos pocos trae la seguridad de miles, con el tiempo lograras entender que es necesario hacer sacrificios. Erick se sentó en la silla más preocupado de lo ya había estado, "hemos perdido a gran parte de los guerreros". Miro por su balcón nuevamente y rogó que Arelis estuviera viva, no sabía por qué su bienestar le importaba tanto, pero sabía que si algo le había sucedido le sería difícil superarlo, con la muerte de gran parte de su familia en el asalto de los paganos Erick comprendió una cosa, es más difícil querer cuando se tiene miedo a perder. Había pasado meses en que él se había echado a morir en su habitación, no comía, no salía, no dormía, todo había perdido sentido ante sus ojos, eso fue hasta que Arelis fue asignada como su escolta personal. Al principio no había reparado mucho en ella, quien se la pasaba horas en silencio parada en una esquina de su habitación, sin decir nada, sin moverse. Había empezado a observarla disimuladamente, aún era muy pequeña cuando fue asignada como su guardiana, pero le sorprendió ver que era la misma pequeña que le había salvado vida aquella vez en el jardín y la cisterna, casi arriesgando la propia, en ese momento ya era un poco más grande y empezaba a volverse atractiva su largo cabello n***o  le traía cierta familiaridad con su madre, al principio Erick no intenté hablarle pero poco a poco sintió que era vergonzoso ser observado y en una situación tan patética. La primera vez que se había levantado de su cama, cayó al piso, estaba demasiado flaco y no tenía fuerzas, Arelis se había acercado cuidadosamente y lo había ayudado a poner en pie, al ver que no podía mantenerse en pie por si solo le pidió que le ayudará a llegar a la habitación de baño, donde lo había dejado sentado frente a la gran tina y había salido. En su torpeza Erick había caído de cabeza en la tina, o más bien piscina y casi se había ahogado ya que no podía valerse por sí mismo, la joven había entrado y había logrado sacarlo a tiempo del agua, Erick tenía los pulmones llenos de agua y no lograba respirar, pero ella sabiamente y de forma acertada le había ayudado a botar el agua con unos ejercicios de primeros auxilios uno de ellos la respiración boca a boca. En ese instante Erick sintió que había sido besado por los ángeles, sin embargo, una vez hubo recuperado el aliento la guardiana se apartó y le alcanzó una manta para cubrirse ya que se encontraba sin ropa totalmente, el príncipe recordó que casi se había muerto de la vergüenza, pero ella ni siquiera se había inmutado. El sonido de un clarinete lo sacó de sus recuerdos, se levantó rápidamente y vio como su padre se iba de su lado y empezaba a salir de su habitación. -¡Papá espera!- se puso en pie y llego al lado de su padre, aquella trompeta solo podía significar una cosa, habían ganado la guerra y los guerreros regresaban al palacio. Esperó con ansias ver a Arelis, aquella guardiana se había convertido en alguien de suma importancia en su vida. Cuando las puertas fueron abiertas una multitud de guerreros empezaron a entrar por escuadrones, entre los primeros venia la joven ya que ella era la general de los guardianes. Entró impecable como siempre parecía que regresaba de un entrenamiento y no de una guerra, el joven iba a salir corriendo al encuentro de la guardiana, pero su padre se lo impidió tomándolo del brazo. -Si les demuestras que estuviste preocupado por ellos, pensaran que eres un rey débil, un rey que no confía en ellos.  Salúdalos desde aquí- se acercó y le habló al oído- nunca dejes ver tus puntos débiles... Jamás El joven permaneció en su sitio como su padre le indicó, se moría de ganas por hablar con Arelis, pero no podía desobedecer las órdenes de su padre, así que se mantuvo allí durante un par de horas mientras terminaba de entrar el ejército, cuando finalmente terminó todo el desfile de guerreros se apresuró a llegar a patio de entrenamiento. -¡Arelis!- grito al visualizarla entre la multitud, ya se había cambiado y tenía puesta su ropa habitual. Ella caminó hacia él dejando lo que estaba haciendo por el momento, sus armas podían esperar, pero ignorar la orden de alguien de la familia real recibía como castigo la muerte. -Señor- lo saludo con una reverencia como se acostumbraba, él parecía ansioso por decir algo, pero en vez de eso se le lanzo encima sin tiempo de reaccionar y la abrazo -¡Gracias al cielo estas bien!- el príncipe pasó sus manos por el cabello de la joven guardiana, era la primera vez que la tenía tan cerca y eso lo llenó de dicha -Príncipe...- dijo de modo serio sin poder terminar la frase ya que el príncipe  la interrumpió -No me importa lo que digas- le dijo en un tono suave- estoy feliz de que estés viva- el joven se apartó de la guardiana y la miró con una gran sonrisa en su rostro, la joven permaneció neutral sin decir una sola palabra- puedes seguir en lo que estabas eso era todo- le sonrió dejando que se volviera hacia el grupo, quiénes hasta ese momento había notado y se dio cuenta que lo miraban. Se volvió rápidamente hacia su habitación ignorando los miles de ojos que lo miraban, entre sorprendidos, disgustados y agradados. Arelis sabía que aquello que el príncipe acababa de hacer le traería problemas, el no diferenciaba su vida personal de su vida social, y mucho menos de su vida laboral, terminó de limpiar y guardar sus armas, los otros guardianes la miraban sin expresión alguna en sus rostros, pero los guerreros parecían molestos y ella sabía la razón, las reglas eran claras y aunque ella no había roto el protocolo no había hecho nada para impedirlo. Coloco todo en su lugar y se dirigió a la sala de entrenamiento. La tarde avanzó rápidamente y aún nadie del consejo se aparecía para decirle algo, sin embargo le preocupaba el castigo que le pudieran dar, sobre todo porque no podía negarse a cumplirlo o huir, ese era un privilegio que las personas como ella jamás conocerían, la magia los hacía obedecer, sin importar que, siempre y cuando aquello no fuera en contra de los tres principios básicos en los que se basan las leyes: no sentir, aceptar y obedecer, todo lo demás estaba basado en eso, en la rama de no sentir estaba estipulado claramente, que ellos eran guerreros guardianes y que toda relación y contacto físico con alguien debía ser estrictamente el necesario, ellos antes que personas eran guerreros y debían obedecer, quien se atreviera a intentar llevar la contraria de los principios, la magia le quitaría la vida. -Guardiana- uno de los capitanes del ejército y m*****o del concejo del ejército de los guardianes llamó su atención- acompáñeme -Si señor- se puso en marcha siguiendo los pasos de aquel hombre.   La tarde ya había culminado dándole paso a la noche, el príncipe miraba por el balcón de su habitación, aun sentía ese cosquilleo en el vientre debido a la cercanía que había tenido con Arelis, se preguntan si estaría molesta por aquello, supuso que tal vez no volvería a estar desprevenida con él. Suspiro mirando al cielo, estaba enamorado y lo sabía lo peor del caso es que parecía que ella no tenía sentimientos hacia él, ni hacía nada. Erick miro hacia el jardín y vio un gran grupo de guardianes dirigirse al salón de asamblea, se preguntó qué había pasado, ellos nunca solían reunirse a menos que hubiera un problema, el príncipe se levantó de su puesto y bajó las escaleras, sabía que lo que pasará en la asamblea de los guardianes no era su problema, pero por alguna razón sintió la necesidad de saciar su curiosidad. Al llegar a las puertas se sorprendió de ver a Arelis en la mitad del círculo en el lugar donde se paraban los culpables en un juicio -...guardiana usted conoce las normas, las prohibiciones son claras- decía duramente una de los guardianes del consejo- usted no es una joven común, es una guardiana y sabe que sus derechos se ven limitados por nuestros principios, si algo como lo de esta tarde vuelve a suceder ya sabe cuál será su castigo, tome esto como una advertencia. -Si señor- Arelis permanecía inmóvil observando al tribunal -lleve con honor su símbolo- la mujer pareció sentir un poco de simpatía con la joven y en un tono más claro continuo- es normal que los seres humanos comunes se enamoren y sabemos que lo sucedido con el príncipe no es su culpa- Erick se preguntó qué era lo que había pasado para que Arelis estuviera en problemas- él es un joven que no comparte nuestros principios y por lo tanto hemos decidido asignarle un guardián diferente a el príncipe Erick, sabemos que usted llama su atención y para él no significa nada enamorarse, pero guardiana recuerde que sí lo mismo le sucede a usted no vivirá para contarlo, la magia es clara, usted está bajo su protección mientras se rija a sus principios, si no... ya todos conocemos el desenlace- Erick seguía confundido cómo era posible que le fueran a asignar otro guardián sólo por estar enamorado de Arelis, le pareció cruel el hecho que le prohibieran a la joven sentirse amada, a él le hubiera gustado declararle su amor de otro modo pero ya se lo habían dicho y a ella parecía haberle dado igual. -Arelis guardiana del reino y de su majestad- habló otro guardián del consejo- díganos cuales son los principios fundamentales que nos rigen -No sentir, aceptar y obedecer- respondió la joven, el príncipe notó que del símbolo que Arelis tenía en la mano caía sangre -Espero que con este castigo comprenda guardiana que, aunque no es usted responsable de los sentimientos del príncipe, es responsable usted no volver a tener contactó con él, es mejor mantener su distancia y evitar consecuencias peores - Sí señor- respondió Arelis con un poco de dificultad, el príncipe sintió la culpa recaer sobre él, Arelis estaba siendo castigada a causa de su imprudencia y de haber ignorado sus advertencias sobre no tener contacto físico más allá del estrictamente necesario. Erick tomó aire y abrió la puerta del salón de asambleas llamando la atención de todos los presentes incluida la joven responsable de sus locuras amorosas. -Buenas noches, he oído lo que le han dicho a la guardiana, déjenme que les explique la situación, no es ella culpable de nada, fui yo quien ignoró sus advertencias- la preocupación en la voz del joven era más que evidente- permítanme hacerme responsable de mis actos, pero no la culpen a ella -Príncipe, Arelis es nuestra mejor guerrera y guardiana, usted está bajo su cuidado por la misma razón, pero a pesar de haber sido el responsable de esto- señalo la mano sangrante de Arelis- ella también es responsable por no haberlo evitado, su entrenamiento ha sido el mejor y déjeme decirle que sus reflejos son excelentes, ella estaba en toda su capacidad para evitar que esto pasará El príncipe miró a Arelis quien mantenía sus ojos fijos en él, sintió un dolor profundo en su corazón al ver que quererla solo le hacía daño, Arelis se había convertido en alguien importante para él y por la misma razón no quería que ella sufriera. -Lo comprendo, pero no creo que sea necesario que me asignen otro guardián, he comprendido las cosas, prometo que mantendré mi distancia -Príncipe, es mejor que quede al cuidado de alguien más, es usted un hombre enamorado le aseguro que teniéndola cerca no va a poder cumplir su promesa- el príncipe sintió como el calor subía por su rostro, Arelis sabía que él estaba enamorado de ella, y eso le dio pena, no sabía cómo enfrentarlo. -¿Mi padre sabe esto? -Se lo diremos tan pronto encontramos un guardián calificado para cuidar de usted -Entiendo- Erick se dio la vuelta y caminó fuera del salón de asamblea, se sentía el ser más desdichado en ese momento por haber causado aquel inconveniente.        
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