El aire estaba pesado en la habitación, y la luz de las velas lanzaba sombras danzantes contra las paredes mientras me sentaba frente a Adam. Sabía que esta conversación debía ocurrir eventualmente, pero no imaginé que sería tan pronto. Había estado intentando evitarla, manteniéndolo ocupado con pequeños hechizos, juegos de magia sencilla que no lo expusieran al peligro. Pero la curiosidad y el deseo de estar a mi nivel lo impulsaban cada vez más, y ahora, no podía escapar. Adam me miraba con esa intensidad suya, el ceño ligeramente fruncido, esperando mi respuesta. —Dijiste que querías saber cómo se hace el pacto —comencé lentamente, acariciando los bordes de la mesa como si el simple contacto con la madera pudiera calmarme—. No es algo sencillo de explicar, ni de hacer. Y mucho menos a

