La noche del pacto había llegado. El aire estaba más frío de lo habitual, y cada fibra de mi ser sentía el peso de lo que estaba por suceder. Me encontraba en la orilla del lago, esperando junto a June, ambos en silencio, mientras el cielo oscuro comenzaba a llenarse de un tono rojizo. La luna eclipsada se alzaba lentamente sobre nosotros, su forma bañada en sangre, marcando el momento exacto en el que sellaríamos nuestra unión eterna. Miré a June de reojo. Su rostro estaba iluminado por la luz tenue de las velas que había colocado en un círculo alrededor de nosotros. Se veía más poderosa y etérea que nunca, como si su magia vibrara en el aire, sincronizada con los latidos de mi propio corazón. Habíamos pasado semanas preparándonos para esto, practicando los versos, afinando los detalles

