Capítulo 4

2098 Palabras
Alex me dejó frente al colegio justo a tiempo, porque Carlos, mi chofer, ya había llegado. No perdí nada de tiempo en llegar a casa y buscar la laptop que mi padre me había regalado en navidad, ahora tenía motivos de sobra para averiguar quiénes eran los Storm. "7 cadáveres en la autopista aterrorizan a los habitantes del municipio Valencia. Aparentemente, victimas del grupo delictivo Storm" "Enfrentamiento entre bandas deja un saldo de 3 muertos y 7 heridos, grupo Storm no deja rastro" Esos eran solo algunos de los tantos títulos en las noticias que había en internet. Leyendo entre líneas, la policía no sabía quiénes eran los responsables de todos esos abominables crímenes hasta hace 10 años "Grupo Storm: El principio de su terrible legado." Se habían presentado numerosos secuestros de niños cuyos padres tenían una buena posición económica. En las diferentes entrevistas e interrogatorios a los padres de los desaparecidos, admitieron haber contraído una deuda millonaria con una familia aparentemente poderosa. Los niños eran devueltos con sus padres una vez que la deuda era finiquitada, sin embargo, existieron casos extremos en los que algunos padres no pudieron completar la cantidad de dinero requerida y nunca se supo nada de los pequeños. Por miedo a las represalias legales que tendrían estos clanes pudientes si se conociera el verdadero trasfondo del préstamo millonario, decidieron guardar silencio y dejar perder a sus hijos... Todos excepto una gran parentela. Contrario a las más de 20 familias implicadas en secuestros no reportados, los Espínola tomaron cartas en el asunto y denunciaron su caso con lujos de detalles, y si bien obtuvieron que la justicia venezolana les aprehendiera por tráfico de drogas, también lograron que la búsqueda de su hijo Gabriel de 11 años, el menor de 4 hermanos, se incrementara por todo el país. Las fuentes extraoficiales descubrieron por fin un indicio que los llevaría a descubrir a un gran clan masculino a cargo del mayor número de negocios en drogas, secuestros, asesinatos y carreras ilegales en todo el país. Estaban distribuidos como roedores y su único error fue haberse presentado frente a los Espínola con sus verdaderas identidades. Las cámaras de seguridad de la mansión de estos últimos captaron varios rostros que fueron inmediatamente reconocidos en las zonas adyacentes de la mayoría de los delitos mencionados y cuando la prensa tomó posesión de estos indicios y revelaron el apellido Storm, las familias que se habían mantenido en silencio finalmente hablaron, dejando a estas personas en una encrucijada.   Los cuerpos de seguridad de todo el país parecían haber encontrado el final de todos sus casos sin resolver, hasta que lo peor sucedió. Todas las familias y cuerpos de investigación ligados al caso Storm fueron brutalmente asesinados y todas las pruebas e indicios se convirtieron en cenizas. Se cree que todo el grupo delictivo actuó al mismo tiempo en los diferentes lugares donde se encontraban estas personas, pero lo más cumbre todo, es una grabación que salió a la luz pocos días después de la muerte de toda la familia Espínola. Un niño salía de aquella gran mansión con sus ropas bañadas en sangre y un arma de fuego en su mano izquierda... Puedo jurar por todos los dioses que existen que dejé de respirar en el mismo momento en el que la cámara se enfocó en el rostro del niño. Era Alex. Esas facciones son las mismas que había visto yo hace apenas unas horas, solo que allí eran más delicadas... Excepto sus ojos, en ellos no había nada, solo un inminente vacío. Eliminé el historial, cerré el navegador y apagué la laptop. Tenía un leve dolor de cabeza y tenía demasiada sed. Su verdadero nombre era Gabriel Espínola y mató a su familia entera para no ser encontrado. Yo quería salir de aquí, pero no sería capaz de hacerle eso a mis padres, por muy superficiales que fueran. Ahora tenía que pensar exactamente qué es lo que debo hacer para cubrir mis huellas en cuanto me saquen de este lugar. Ya sé quiénes son los Storm, lo que hacen y lo que son capaces de hacer y aun así quiero irme con ellos, quería hacer lo que ellos hacen y tenía que ser ahora, así que volví a encender el computador y comencé a buscar mil y un maneras de cubrir la identidad de un cadáver. En estos momentos me encanta saber que Venezuela no tiene un régimen de registro totalmente estricto, sólo la huella dactilar y el tipo de sangre son tomados en cuenta como métodos de reconocimiento post-mortem. Ah, y el dental, pero ese solo aplica para el cuerpo militar. Al terminar de investigar, fui a la ventana de mi habitación y observe el atardecer. Desde mi posición, todo se veía hermoso y tranquilo, así que decidí pensar con mayor claridad qué era lo que en verdad iba a hacer. Mi vida estaba a punto de cambiar y tenía que estar segura del rumbo en el que me estaba dirigiendo. Conforme los días iban pasando, mi madre se notaba más alarmada y me daba mucha más atención que antes. Mi padre seguía en el mismo plan de trabajo y yo iba más seguido a mis prácticas en el polígono. Mañana se vencía el plazo de los Storm, así que si mamá no le contaba a mi padre hoy lo de su deuda, oficialmente me iría de sus vidas. Es que aún no puedo entender cómo es que mi propia mamá va a permitir que me secuestren, porque esa es la situación. Ella fácilmente puede decirle a papá que le dé el dinero, él cuenta con esa cantidad y mucho más en sus cuentas bancarias, pero ella está demasiado aterrada por algo que no sé y literalmente me entregará a mí para seguir quedando bien. ¿Qué clase de madre hace eso? Esa es otra de las razones por las que quiero alejarme de toda esta porquería, de esta farsa.  En el colegio seguía siendo solitaria, con la diferencia de que ahora todos se alejaban de mí con miedo en sus rostros cada vez que pasaban por mi lado y lo peor es que la sensación de ser temida hacía que me sintiera bien, muy bien. Iba saliendo de mi colegio cuando vi a mi padre esperándome en la salida. No tarde mucho en correr directo a su dirección y lanzarme encima de él. -¿Cómo está mi pequeña? -¿Qué haces aquí? Deberías estar trabajando papá. -Conteste antes de darle un beso en su mejilla y volver a abrazarlo. No lo veía desde hace días. -Bueno, soy mi propio jefe y decidí tener unos días de vacaciones con las dos princesas de la casa. -Señaló su auto y vi en el asiento de copiloto a mi madre, con atuendo totalmente tropical y con una sonrisa que no había visto en días. Algo iba mal. Fruncí el ceño cuando caí en cuenta de lo que había dicho mi padre. -¿Vacaciones? -Nos vamos a la casa de la playa que tenemos en falcón mi vida. ¿No estás emocionada? Tenemos años sin ir y a decir verdad lo necesitamos desde hace... -¿Nos vamos hoy? -Interrumpí. Él frunció el ceño extrañado por mi reacción y mi falta de emoción. -Si... Tu madre empacó todo esta mañana. Me bajó de su regazo y nos encaminamos a su auto, posicionándome en los asientos traseros -Mis amores, de verdad lamento tenerlas algo abandonadas pero el trabajo es algo absorbente. -Lo entiendo cariño, todo lo haces por nosotras y eso está bien.- Mamá acariciaba la mano de mi padre con cariño.   -¿Cuando decidieron este viaje? Es que... es algo... -¿Apresurado? jajá, tu madre habló conmigo anoche en cuanto llegué de la empresa y me hizo entender que la familia es primero y que necesitamos unos días juntos. El trabajo puede esperar unos cuantos días. ¿Cierto Amanda? No había rastro de enojo o de advertencia en sus palabras, en serio papá aún no sabía nada y mamá lo había engañado para sacarnos de la casa antes de que el plazo acabara. Estaba perdida. Quien sabe qué cosas le dirá mamá a papá luego de estas improvisadas vacaciones para no volver y yo no podía hacer nada. Que irónico, quería la atención de mi familia y ahora que la tengo, ya no me interesa. El camino se hacía demasiado largo y yo estaba impaciente. Muy dentro de mí sentía algo, era como una advertencia o un rayo de esperanza, pero no me sentía yo misma. De repente, sentí un fuerte impacto que hizo que mi cuerpo se estrellara contra el asiento de mi padre. Nos habían chocado demasiado fuerte por detrás. Afortunadamente mis papás tenían el cinturón de seguridad y no les pasó mayor cosa, pero entonces otro impacto nos envolvió. -¿Pero que demon...?- Papá trataba de controlar el volante pero estaba fuera de control, mamá estaba temblando y gritando de terror con cada choque trasero. -¡HENRY, NOS PERSIGUEN, POR DIOS NOS PERSIGUEN! Todo estaba ocurriendo demasiado rápido. Un segundo auto salió de la nada e impactó con el nuestro justo en el lado del copiloto. Dimos vueltas en la autopista muchas veces y mi cuerpo se balanceaba de un lado a otro, llevándome golpes demasiado bruscos en todos lados. Cuando el auto por fin se detuvo, quedo totalmente volcado. Podía escuchar algunas bocinas y personas gritando. -Aagh. ¿Están bien? ¿Tabitha, Amanda? -Estoy bien. ¿Tabi? Cuando iba a contestar, alguien arrancó la puerta de copiloto y a los segundos una ráfaga de disparos se escuchó. Mamá empezó a gritar nuevamente.   -¡EL QUE SE ACERQUE A ESTE LUGAR LE VUELO LOS SESOS! ¿ENTENDIDO?- Gritó aquel hombre. - Saca a la niña y limpia el desastre antes de que las personas salgan de sus autos. En menos de un minuto pude ver a Alex, o mejor dicho, a Gabriel, manipulando la puerta para sacarme y cuando mis padres comenzaron a protestar y a intentar detenerlo, los apuntó con su arma. -Se alejan o los mato aquí mismo y frente a su hija. -La frialdad con la que hablaba podría estremecer a cualquiera y hacer que se orinaran del miedo. -¿Por qué hace esto? ¿Qué le hemos hecho?- Preguntó papá con temor y odio a la vez. -Pregúntele a Amanda. -Me sacó del auto y pude ver a 7 sujetos armados hasta los dientes con un arma en cada mano, desde Berettas hasta SIG-Sauer. -¿Pensabas que podías despistarnos eh? ¡Maldita zorra!- Habló uno de los 7 que hasta el momento desconocía. Era muy alto, con cabello rubio y largo, pantalones de jean algo ajustados y camisa blanca holgada. Su tono de piel no era ni morena ni blanca. -Yyo voy a pagarles. Por favor denme más tiempo... -Mamá lloraba, se le notaba el miedo en su voz. -¿Pagarles? ¿De qué hablas? -Eso, desgraciada. Cuéntale a tu marido sobre la deuda que tienes con nosotros.- Otro hombre de cabeza rapada y barba prominente habló y le dio un duro cachazo con su arma a mi madre. Gabriel me llevó rápido hasta uno de los autos desocupados y no permitió que siguiera viendo ni escuchando la escena. -¿Estás bien? O sea, no te rompiste algo con choque o...- No pude seguir escuchando lo que decía porque un disparo seguido del grito desgarrador de mi padre se escuchó. -AMANDAAAAAA, NOOOOO. ¡MALDITOOOOS! SON UNOS MALDITOS, ASESINARON A MI ESPOSA. Lo único que pude hacer fue soltarme del agarre de Gabriel y ver como la sangre salía a chorros desde el auto destruido de papá y seguir escuchando sus gritos. Habían asesinado a mi madre... Pero yo no sentía nada. No sentía dolor, rabia, lastima, sufrimiento, tristeza... Nada. Solo indiferencia. Indiferencia hacia los gritos de mi padre y el cuerpo inerte de mi madre en aquel auto.   Me di la vuelta y fui con Gabriel. -¿Nos vamos o esperamos a que maten a mi padre? Él frunció el ceño, obviamente asombrado por mi accionar. -¿Que...?- Al ver la sinceridad e indiferencia en mi tono de voz, se relajó. -No mataremos a tu padre, él no tenía una deuda con nosotros, tu madre sí. -Bueno, ya no hay nada que cobrar. Podemos irnos. -Me encogí de hombros y me subí al auto. Los hombres se montaron en otros autos mientras Gabriel arrancaba este. Al parecer nos iríamos solo él y yo. -Colócate el cinturón Tabitha. Nos vamos a casa.          
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