Mi incertidumbre hacia estas personas había crecido demasiado, así que a fin de cuentas terminé por salir de mi escondite improvisado y hacer como si no hubiese escuchado absolutamente nada. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que alguien si se había dado cuenta de mi presencia.
-¿Por qué has tardado tanto en el baño Tabi? Pensamos que el inodoro te había llevado o algo parecido. -Bromeó el Sr Cubillan, supongo que para aligerar el tenso ambiente que se había formado antes y durante mi presencia.
-Lo siento, quería hacer algo por mi cabello, pero me rendí en el proceso. -Me encogí de hombros e iba a sentarme al lado de mi madre, pero el Sr Cubillan se hizo a un lado y extendió su mano para que yo me sentara a su lado. Sabía que no debía hacerle caso y las palabras de advertencia de mi nana estaba rondando mi cabeza, pero tampoco quería mostrar mi desconfianza tan rápido, sabrían que escuche su conversación si me muestro indiferente cuando hace apenas unos minutos compartía amablemente con ellos. Puede que sea solo una niña, pero no soy estúpida.
Me senté a su lado bajo la mirada atenta de sus hijos y la temblorosa de mi madre. Siguieron hablando por lo que creo que fue una hora más, obviamente de temas variados de los cuales yo no entendía nada y tampoco me esforzaba por entender. Mi mente maquinaba la manera correcta para saber más de los supuestos Storm y su parentesco con estas personas.
-Bueno Cubillan, nos veremos en unos días y discúlpeme, pero mi marido está por llegar y tengo que organizar una cena familiar. -Dijo mi madre aparentando seguridad, aunque no estaba haciendo un buen trabajo. Hasta yo me dí cuenta que mentía.
-Si... Claro, Amanda. Esperaremos que nos des buenas noticias en los próximos días. -Los 3 se levantaron del gran sofá, se despidieron de mi con un leve asentimiento y a mi madre ni la volvieron a mirar. El personal de servicio apareció en el momento idóneo para acompañarlos a la salida de nuestra enorme casa y luego de que se fueron, mi mamá pudo respirar correctamente otra vez.
-Dios mío.- Mamá cayó al suelo de rodillas y sus lágrimas comenzaron a salir de repente. Corrí hasta ella y la abrace, preguntándole que era lo que pasaba, aun cuando ya lo sabía todo o bueno, casi todo. -Hija... No puedes contarle a tu padre sobre estas visitas ¿de acuerdo?
-¿Pero por qué...?
-Sólo no ¿ok? Y... Mi niña sé que no he sido una madre ejemplar, pero soy tu madre y te amo aunque no lo demuestre mucho. Quiero que tengas eso presente ¿sí? -Me abrazó con fuerza y depositó besos por toda mi cara. Seguía llorando y yo la abrazaba, pero había algo que estaba comenzando a darme miedo, mucho miedo.
Cualquier persona que viera a su madre en ese estado emocional, respondería de la misma forma, sentiría al menos algo de afecto por lo menos. Yo... No sentía nada. La abrazaba por compromiso, pero no sentía ni siquiera lástima y eso no era normal.
Yo no era normal
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Como de costumbre, mi padre no llegó esa noche y si lo hizo yo no me di cuenta. Después de mi cena solitaria, simplemente me fui a dormir. Mi mamá no salió de su habitación en todo lo que restó del día y mi papá estaba en una cena de negocios, ni siquiera respetaba la palabra "cena familiar".
Eran las 7 am de un día de escuela y mi último año en ese lugar. En unos meses pasaría a la secundaria y ya no tenía ganas de seguir. Ni siquiera me preocupé en ducharme, solo me levante de mi cama, lavé mi cara y cepille mis dientes. Dejé que mi desordenado cabello cayera en cascada por mis hombros, no era tan largo pero cómo sabía joderme.
Tenía que llevar un uniforme, era parte fundamental y reglamentaria de la escuela y era horrible. Constaba de una camisa blanca con el logotipo de la institución en la zona derecha del pecho. Era un dibujo horrendo a mi parecer, un sol extraño con el nombre de la institución grabado en la parte superior. El colegio "Luz de la caridad" era uno de los mejores en la ciudad de Valencia, lugar donde nací y crecí. Solo los niños de familias pudientes podían estudiar allí, pues era demasiado costoso y no cualquiera podía permitirse pagar las cuotas que exigía el colegio.
Yo lo odiaba.
Todos eran demasiado hipócritas y los grupos de amigos se basaban en la cantidad de dinero que portaban sus padres. Yo no tenía ni un amigo y no me molestaba en intentar integrarme en ese lugar.
Alejé esos pensamientos solitarios de mi cabeza y terminé de colocarme la horrible vestimenta que me hacía ver más mal de lo que me sentía. Yo tenía inseguridades con mi cuerpo, era alta, sí, pero estaba comenzando a crecer en lugares que no me gustaban. Sabía que era algo normal, que ya estaba dejando de ser una niña pero eso no evitaba que me diera algo de miedo. Me daba terror crecer de esa manera. Mi nana me dijo que ya estaba próxima a convertirme en adolescente y que es muy posible que me doliera de vez en cuando el vientre hasta que mi periodo llegara.
En días anteriores había tenido dolores extraños y por eso la nana me dio clases de introducción a la adolescencia. Ya me estaba preparando mentalmente para las clases de educación s****l, es que ella es muy explícita.
-NANAAAAAAA YA ME VOY CHAO. -Bajé las escaleras corriendo, abrí la puerta de la casa y me subí al auto de uno de los chóferes de papá, Carlos. Él siempre me llevaba a clases cuando papá no podía, es decir, prácticamente todos los días.
No había mucho tráfico así que llegamos rápido al colegio, de todas maneras no quedaba tan lejos de mi residencial.
Valencia podía ser muy grande, pero la zona donde yo vivo no lo es. Prebo se caracteriza por ser una zona adinerada, silenciosa y muy cerrada. Fácilmente podía caminar desde mi casa al colegio pero por reglas generales de la institución, los niños debíamos llegar con nuestros padres, tutores o chóferes en sus respectivos auto. Niño que no llegara en un automóvil no entraba al plantel, así de sencillo.
-Adiós Carlos, hoy salgo a las 3 de la tarde.
-Perfecto enanita. -Sonrió grande cuando le puse mala cara por llamarme así. No sé por qué me dice así si soy la más alta de la clase. ¿Cuál es su problema? En fin, cerré la puerta del auto y me encamine a mi tortura semanal.
Era un amplio colegio, su fachada era azul con blanco y parecía más bien un club campestre que un instituto educativo. Tenía un gran jardín con muchas flores, una enorme cancha para juegos de grama, un salón de deportes en la planta baja, una piscina y el resto de salones para ver clases estaba dentro del enorme edificio.
Entré con pasos rápidos porque creo que iba a llegar tarde y bueno, en realidad así fue. Las primeras horas fueron extremadamente aburridas hasta el receso. Iba camino a la cafetería a buscar algo de fruta cuando un grupete de 8 imbéciles me detuvo.
-Tabitha, hoy iremos a tu casa. -Me dijo el idiota más grande del instituto, Harry Nogueira. Era un imbécil más alto que yo, de último grado al igual que yo, pero se creía de lo mejor porque sus ojos azules resaltaban con su piel blanca. Asco.
-¿Más o menos cómo porque? -Fruncí en ceño muy notablemente.
-Pues para ir a tu piscina, escuché que es enorme y que incluso hay un caney con todo tipo de bebidas.
Mi indignación estaba palpable y el pequeño grupo se reía de mi reacción, solo servían para darle ánimos a ese idiota.
-Oye que raro, nunca me enteré que mi casa se había convertido en un baño público de perdedores. -Su sonrisa se borró en seguida. -¿Quién te crees que eres para decidir ir a mi casa como si tuvieras autoridad? -Sus fosas nasales se abrían por la furia que lo dominaba y sus puños se cerraron.
-Iremos porque te recuerdo estúpida, que yo mando aquí y lo que yo diga, se hace. Además necesitas amigos.
-Pues mandarás en tu casa, porque en la mía no. Y no necesito amigos, mucho menos si tienen un retardo mental como el tuyo y el de tus focas de circo que sueles llamar grupo.
Me di la vuelta para irme, pero alguien me había tomado del brazo, me giró y me abofeteo.
-No vuelvas a hablarle así a Harry, ridícula.
Mi cara se había quedado en la posición de la bofetada, cerré mis ojos nuevamente y conté hasta 3, tenía que calmarme, tenía que calmarme, tenía que calmar...
-PISCINADA EN LA CASA DE TABI LA PERDEDORA.
A la mierda todo.
Me abalance contra la idiota que me golpeo, jalando su cabello en el proceso y golpeando su cabeza contra el suelo. Luego fui directo a Harry y le di una patada en las pelotas. Alguien iba a golpearme por la espalda, pero mis reflejos actuaron muy rápido y me agaché para posteriormente voltearme y darle un puñetazo en la nariz a quien sea que me iba a atacar.
Todo pasó demasiado rápido para mí. El grupo había crecido y escuchaba demasiados gritos y vitores. Harry aún se encontraba en el suelo tomando sus partes nobles, la chica que me golpeó estaba sangrando y le había partido la nariz a otro. De la nada, alguien me dio un fuerte golpe en el estómago que me dejó medio inclinada hacia adelante y un segundo golpe impactó mi cara.
El dolor me abrazó con fuerza. Quería lanzarme a llorar, pero recordé mis clases de defensa y me erguí como pude.
La cafetería se convirtió en un ring de boxeo en cuestión de minutos, pues así como me golpeaban yo regresaba el golpe con más convicción y agresividad. Mi mente estaba nublada y ya no veía, solo golpeaba y sacaba mi frustración.
De los 8, me golpeaban 3 y nadie me estaba ayudando. No era Rambo, no iba a acabar con todos yo sola y ya me dolía el cuerpo así que prácticamente me estaba preparando para dejarme pegar por ellos cuando alguien llegó y no era precisamente la directora del colegio.
Él cargó a dos de los que me golpeaban y los tiró al suelo, colocando sus rodillas encima de sus cuerpos mientras tomaba al último por el brazo y lo apretaba con fuerza. La multitud de alumnos se corrió para dejar entrar a varias maestras que nos miraban con horror y se llevaban como podían a Harry, la idiota que me abofeteo que resultó llamarse Laura y al resto que ni recuerdo ni me interesan sus nombres.
Alex Cubillan me observaba detenidamente y yo a él. ¿Qué demonios hacía aquí?
-Gracias por ayudar a separar a estos niños joven, no sabíamos cómo interferir sin recibir algún golpe. -Mencionó una de las educadoras.
-Solo asegúrese de que sus padres estén aquí pronto. -Dejó a los 3 imbéciles en el suelo y se acercó a mí, levantó mi mentón y observo mis heridas. -Miré como dejaron a mi hermana, por Dios. ¡Esto no va a quedarse así!
¿Dijo hermana?
-Pero joven Cubillan, ella ha golpeado a 5 de los niños, mire como los dejó. -Mencionó al directora del lugar. El observó el desastre y ni siquiera se preocupó por ayudar a las mujeres a llevarse a esos niños a la enfermería.
-Seguramente la han provocado, además, es una niña y éste es un colegio que debe estar pendiente de sus alumnos. Peleas como esta pueden ser denunciadas al ministerio de educación, más aún cuando fueron 7 varones los que agredieron a una niña. ¿Qué cree que dirán sus superiores cuando se enteren que todo un gabinete de maestras colegiadas no pudo controlar a 8 niños?
La expresión de la directora era de terror absoluto. Si las amenazas de Alex eran ciertas, el colegio podía cerrar definitivamente.
-Anna, llama a los padres de Nogueira, López, Pérez, Bolívar, Challouf, Enríquez, Dávila y Xavier. -Habló firme la directora. -Mientras, deje a los niños en la enfermería, incluyendo a la joven Alexander.
-No será necesario, ella se irá conmigo.
No esperó la respuesta de la directora, solo me tomó de la mano y me sacó de la cafetería. Yo no sabía qué hacer, así que solo me dejé llevar por él.
-No debiste golpearlos a todos, eran mayores que tú en número y mucho más grandes.
-Laura me golpeó, tenía que defenderme, además, se hacerlo. Viste como los dejé.
-Te hace falta más entrenamiento para enfrentar multitudes, Tabitha. Mira cómo te han dejado. -No me había dado cuenta que habíamos llegado a la salida del colegio y que nos encaminábamos a un coche deportivo color rojo, pero no sabía qué modelo era.
-¿Que hacías aquí y porque me estoy yendo contigo? ¿Cómo es que te dejaron entrar y llevarme?
-Muchas preguntas y pocas respuestas. Confórmate con que te salvé de una posible contusión, que ahora voy a curar tus heridas y que comeremos un helado, ¿vale?
Su voz neutra no combinaba para nada con la sonrisa de ojos que me estaba brindando y aunque sabía que debía alejarme de él y su extraño padre, no podía... No quería.
Nos acomodamos cada quien en su asiento, pero él no había arrancado el motor aún.
-¿Me llevarás a tu casa?
-Tabitha, seamos claros. Sé que escuchaste la conversación de ayer. Te vi. -Mi corazón empezó a latir con fuerza. -No tienes que fingir conmigo.
Estaba sudando y quería bajarme del auto pero los seguros habían bajado de repente.
-¿Vas a llevarme hoy mismo?- Estaba asustada y no me daba pena admitirlo.
Él sonrió con calma, no había rastro de malicia en él, o al menos yo no lo notaba.
-Le dimos 5 días a tu madre y cumpliremos esa parte del trato, pero sé que ella no le dirá a tu padre sobre su deuda. Supongo que tendrás que ir olvidándote de lo que un día fue tu hogar, porque dentro de poco eso va a cambiar.
-¿Qué te hace pensar que no le diré a mi papá sobre esto o que iré a la policía?- espeté con furia
Se acercó a mí con cautela, estaba demasiado cerca y no sabía si tenía miedo de ser secuestrada o por su cercanía.
-Ya lo hubieras hecho. En pocos días estarás con nosotros y no será simplemente mi casa, ahora será tuya...
Nuestra.