Me quedé mirando el anillo, no era el mismo que me había dado para la fachada de compromiso preparada por nuestros padres, este era mucho más bonito. Tenía un diamante celeste que brillaba con el sol y se notaba que el anillo era de oro blanco.
— ¿Qué haces?- le pregunté demasiado incrédula.
— Solo acepta- dijo con una sonrisa.
— Sabes que tus padres no querrán que me case contigo ahora... de hecho me asusta pensar en lo que tendrá que enfrentar mi familia por esto.
— A mí me asusta pensar que enfrentes todo esto sola- esas palabras eran las más bonitas que me había dicho Max y se sentían demasiado bien- no puedo dejar de pensar en lo fuerte que eres Jane, pero todos necesitamos a alguien y quiero ser ese alguien.
— ¿No preguntarás de quién era ese bebé?
— Lo sé- me dijo muy seguro.
— ¿Espera... lo sabes?- mis ojos se clavaron en los de Max, pues tenía la verdad enfrente de ellos.
— Darian Snow, ese es su nombre.
De pronto miles de imágenes llegaron a mi mente, momentos en los que me escuchaba a mí misma gritar su nombre, sin embargo, aún su rostro se veía borroso.
— ¿Cómo sabes eso?
— No importa eso ahora- agarró mi mano y colocó el anillo en mi dedo anular, se notaba algo nervioso- Angélica me dijo que debo llevarte al médico, así que eso es en lo que nos vamos a concentrar.
Abrió la puerta del auto para que me subiera, aún tenía mil dudas en mi mente, así que miré por la ventana y me perdí en mis pensamientos.
Al llegar Max tocó levemente mi brazo para que saliera del estado en el que me encontraba.
— Estamos en un sitio seguro, me encargué de contactar al mismo médico que te atendió para que viniera, no quería que te volvieran a atacar de la misma manera- dijiste antes de bajarse del auto para abrirme la puerta.
Nos bajamos y subimos unos cuantos pisos por el elevador, al llegar el doctor que atendió mi embarazo nos esperaba en un pequeño consultorio.
— Qué gusto verte Jane- dijo ver la expresión de mi rostro.
— Gracias por aceptar hacerlo aquí- dijo Max al notar mi silencio.
Mi cuerpo estaba con ellos, pero mi mente y emociones sin duda no lo estaban... trataba de buscar recuerdos con ese nombre y cada vez me podía encontrar como una mujer plenamente feliz, riéndose a carcajadas y con un brillo innegable en los ojos.
Al acostarme en la camilla volví... sabía que ahora ya no solo no tendría a mi bebé, si no el sueño de convertirme en madre se iría con él.
Cuando el doctor empezó a hacer el procedimiento sentí unos cólicos y mis lágrimas empezaron a salir.
— ¿Te duele mucho?- la preocupación de Max era evidente, su mano agarraba con fuerza la mía.
— Me duele más el hecho de pensar que no estará.
Él no dijo nada más, pero el gesto de quedarse a mi lado y sostenerme hizo que el dolor emocional se sintiera menos pesado.
Con mucho dolor me levanté después del procedimiento y el doctor le extendió una receta a Max, hablaron brevemente y luego salimos, de camino al auto noté como él seguía agarrando mi mano con fuerza.
Al subirnos cerré mis ojos y empecé a quedarme dormida.
Minutos después al despertar vi que Max observa cómo dormía.
— ¿Pudiste dormir bien?
— ¿Cuándo tiempo llevamos aquí?- pregunté aún somnolienta.
— Una hora- contestó muy tranquilo.
— ¿Una hora?, ¿por qué no me despertaste Max?
— No había necesidad de hacerlo, quería que descanses, pues noté que el procedimiento te dejó agotada en muchos sentidos.
— ¿Y por qué te quedaste?
— La verdad- hizo una pausa- me dio mucha paz verte así, no quería dejarte sola- se acercó a mí lentamente hasta que pude sentir su respiración- no voy a besarte, no lo haré ahora que te encuentras demasiado débil- dijo cuando me vio cerrar los ojos.
— ¿Así que solo querías provocarme?- exclamé.
— Solo quería confirmar que lo que siento... tú también lo sientes- tomó mi mano y me dio un beso suave en el dorso.
Cuando se bajó volvió a abrir la puerta del auto para que me bajara, debía admitir que cada tanto se me escapaban unas sonrisas al verlo actuar de esa manera.
Entramos a la casa, todo parecía tranquilo, me recosté en el sillón, a pesar del sueño reparador aún me sentía algo cansada.
— Te prepararé algo que te reconforte- me dio un beso en la frente y se marchó a la cocina, sin antes dejarme un poco de música relajante.
Me sentía fatal, me dolía no poder entregarme cien por ciento a esta versión de Max, a pesar de las ganas enormes que sentía de poder enamorarme... pero el recuerdo de Darian Snow estaba jugando con mi mente, ahora que sabía su nombre todo parecía ser más que un caos.
Sin embargo, no podía entender por qué aún no podía acordarme de su rostro, como si lo hubieran borrado completamente de mi mente.
Tomé mi teléfono y entré al navegador, me quedé algunos minutos viendo a la pantalla antes de decidirme a buscar alguna información sobre él, me daba miedo encontrar algo que me trajera de golpe recuerdos que solo me estancaran.
Me puse a analizar el por qué mis padres no habían querido decirme nada a cerca de él, cuidaron con tanto esmero el que yo no me enterara, pero no contaban con que Max aparentemente conocía a Darian mejor de lo que ellos lo hacían.
Después de unos segundos explorando la posibilidad de que mis padres solo cuidaban de mí al ocultarme todo tipo de información, me negué a creer que lo hacían por mi bien... esto sin duda lo estaban haciendo por su propio beneficio, así que sin darle más vueltas al asunto coloqué su nombre y aquellos segundos que tuve que esperar parecieron una eternidad.
Cuando la página al fin se cargó me quedé en silencio, observando lo que parecía una cruel obra del destino.