Al día siguiente cumplió su palabra, desperté y ya él me esperaba listo para entrenarme. Me llevo a un campo, muy lejos de la mansión y en frente de unas botellas de vidrio me colocó. —Dispárale a las botellas—estiro su mano hacia mi dándome un arma—Sí logras darle a una, seguiré enseñándote, si no olvídate de este trato—tome el arma y le sonreí maliciosamente. —Verás que no soy tan dulce e inocente como me muestro—le dije y centre mi vista fijamente a las botellas. Estaban como a quince metros de mí. No podía ver claramente, lo confieso, pero eso no me detuvo pues mi deseo de aprender era más fuerte que cualquier cosa. Tome el arma fuerte con mis dos manos, respire hondo y al sentir que tenía el punto fijó disparé. Disparé pero no le di a ninguna botella, la bala salió tan fuerte y ráp

