ALLY —Buenos días. Abrió sus ojos y esbozó una sonrisa tierna. Buenos días, señora White. La sonrisa que se dibujó en mi rostro fue ancha y risueña. Había anhelado tanto que llegara el día que esa frase saliera de su boca, que después de una vida, al final estaba ahí y sonaba tan perfecta que de verdad parecía un sueño. Mi realidad había sido tan triste, que esto solo podía ser un sueño. Acaricié su rostro, ese que se encontraba un poco demacrado por el desvelo de la noche anterior, y sonreí al sentir como sus dedos traviesos subían despacio de mi cintura a mis senos y de mis senos erectos a mi cuello. —Es extraño —Murmuré, suspirando con existencialismo. Me acurruqué entre sus brazos y miré al techo, pensando en la calma con la que habíamos vivido las últimas dos semanas, y

