Matías Montenegro. El disparo alteró mis nervios, el simple hecho de pensar que le habían disparado a ella me había congelado. — ¡Alaia!— grité para saber que estaba bien pero fue en vano ya que habían colgado la llamada. Malditos hijos de perra, me iba a encargar de destrozarlos a uno por uno personalmente yo lo haría para que aprendieran que conmigo no se juega ya mi mujer no se le toca. Miré a los hombres a mi lado esperando la respuesta positiva de ellos. Me levanté furioso tenía que controlarme y ellos tenían que encontrarla ya porque en este momento podría asesinarlos y buscar a alguien más que cumpliera con su trabajo. — Los tenemos señor, tenemos la ubicación de su esposa — escuchar aquello me llenaba un poco de tranquilidad a menos que tendría un lugar donde buscar aquellos

