Sintiendo la frustración y la sangre subírsele a la cabeza de la rabia y la decepción de solo recordar ver a Karl entrar a la casa donde temprano había ingresado Adara, Mariu bajo el torrencial aguacero maneja sin control alguno, sin medir los peligros que ello pudiera ocasionarle y a cualquier transeúnte. Solo desea llegar a su casa, acabar con todo. Por más que le da vuelta a lo que sus ojos acaban de comprobar, su cabeza no admite como Karl puede preferir a una mujer, tan insignificante, una aberración de la naturaleza, en lugar de ella. Llegó a la casa que por diez años viene ocupando, tirando contra el piso cualquier objeto que se consigue por el medio. Necesita desahogar la frustración de verse derrotada de esa manera. Llorando de manera insistente, sin poder lograr controlar los

