Samuel. No logro conciliar el sueño, Jorge se ha dormido sobre mi pecho y me sumergí en un profundo letargo mientras mis dedos recorrían el suave cuerpo del animal. Por enésima vez miro la hora en la pantalla del celular. ¡Son las dos de la madrugada y Jetzabé aún no regresa! Siento que los celos están ganándole a mi razón y al compararme con Isaac me siento en tanta desventaja. Aparto con cuidado al gato dejándolo recostado sobre los almohadones, me levanto de la cama y salgo de la habitación rumbo a la de mi tío. En completo silencio pego mi oído a la puerta pudiendo escuchar los jadeos y gemidos de ambos. Comienzo a excitarme con la voz de Jetzabé, la forma en que gime y pide más, imagino que soy yo quien ocupa el lugar de Isaac, que son mis manos las que la tocan y que son mis labios

