“Donde reina el amor, sobran las leyes.” Platón. Los miembros de la manada levantan sus cabezas hacia el cielo, aguardando la aparición de la diosa. Selena desciende hasta el suelo posándose sobre el altar, en medio de sus súbditos. Aquella figura divina y etérea, de cuya hermosa presencia emanan luz y destellos, asombra especialmente a Kira, quien nunca había vivido una experiencia similar. El asombro de Kira es mayor, cuando detalla el rostro y la silueta de Selena que se va haciendo más nítida ante sus ojos. Aquella mujer poseía una belleza extraordinaria, su piel era pálida y blanca como la luz de la Luna llena, sus ojos profundos del color de la plata fundida. Su larga cabellera era de color n***o, un n***o intenso con destellos azules que caían como una cascada sobre su espal

