La reverberación del aullido de Luna de Plata, ahora cargado con una autoridad inquebrantable, resonaba en el claro. La manada, electrificada por su regreso y la vista del Espejo de Verdad, bullía con una energía renovada. La Nada seguía siendo una sombra gigantesca, pero la presencia de Luna de Plata, su voz ronca y firme, disipaba parte de la incertidumbre que había carcomido sus entrañas "La puta Nada es una amenaza constante," comenzó Luna de Plata, el Espejo palpitando suavemente en su pata, "pero también lo es la duda, la discordia que nos corroe desde dentro. He visto lo que la incertidumbre puede hacer. Y sé que, antes de enfrentarnos de lleno a esa mierda abstracta, necesitamos una unidad que no se rompa ni a putazos." Kael gruñó, asintiendo. "Tiene razón, la cabrona. Si no esta

